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martes, 13 de septiembre de 2016

5 heridas emocionales de la infancia que persisten cuando somos adultos

Los problemas vividos en la infancia dejan heridas emocionales que vaticinan cómo será nuestra calidad de vida cuando seamos adultos. Además, estos pueden influir significativamente en como nuestros niños de hoy actuarán mañana y en como nosotros, por otro lado, afrontaremos las adversidades.

Así, de alguna forma, a partir de estas 5 heridas emocionales o experiencias dolorosas de la infancia, conformaremos una parte de nuestra personalidad. Veamos a continuación cuáles son nuestras heridas definidas por Lisa Bourbeau….

1- El miedo al abandono
La soledad es el peor enemigo de quien vivió el abandono en su infancia. Habrá una constante vigilancia hacia esta carencia, lo que ocasionará que quien la haya padecido abandone a sus parejas y a sus proyectos de forma temprana, por temor a ser ella la abandonada. Sería algo así como “te dejo antes de que tú me dejes a mí”, “nadie me apoya, no estoy dispuesto a soportar esto”, “si te vas, no vuelvas…”.Las personas que han tenido las heridas emocionales del abandono en la infancia, tendrán que trabajar su miedo a la soledad, su temor a ser rechazadas y las barreras invisibles al contacto físico.
La herida causada por el abandono no es fácil de curar. Así, tú mismo serás consciente de que ha comenzado a cicatrizar cuando el temor a los momentos de soledad desaparezca y en ellos empiece a fluir un diálogo interior positivo y esperanzador.

2- El miedo al rechazo
El miedo al rechazo es una de las heridas emocionales más profundas, pues implica el rechazo de nuestro interior. Con interior nos referimos a nuestras vivencias, a nuestros pensamientos y a nuestros sentimientos.

En su aparición pueden influir múltiples factores, tales como el rechazo de los progenitores, de la familia o de los iguales. Genera pensamientos de rechazo, de no ser deseado y de descalificación hacia uno mismo.
La persona que padece de miedo al rechazo no se siente merecedora de afecto ni de comprensión y se aísla en su vacío interior. Es probable que, si hemos sufrido esto en nuestra infancia, seamos personas huidizas. Por lo que debemos de trabajar nuestros temores, nuestros miedos internos y esas situaciones que nos generan pánico.

Si es tu caso, ocúpate de tu lugar, de arriesgar y de tomar decisiones por ti mismo. Cada vez te molestará menos que la gente se aleje y no te tomarás como algo personal que se olviden de ti en algún momento.

3- La humillación
Esta herida se genera cuando en su momento sentimos que los demás nos desaprueban y nos critican. Podemos generar estos problemas en nuestros niños diciéndoles que son torpes, malos o unos pesados, así como aireando sus problemas ante los demás; esto destruye la autoestima infantil.

Las heridas emocionales de la humillación generan con frecuencia una personalidad dependiente. Además, podemos haber aprendido a ser “tiranos” y egoístas como un mecanismo de defensa, e incluso a humillar a los demás como escudo protector.

Haber sufrido este tipo de experiencias requiere que trabajemos nuestra independencia, nuestra libertad, la comprensión de nuestras necesidades y temores, así como nuestras prioridades.
4- La traición o el miedo a confiar
Surge cuando el niño se ha sentido traicionado por alguno de sus padres principalmente, no cumpliendo sus promesas. Esto genera una desconfianza que se puede transformar en envidia y otros sentimientos negativos, por no sentirse merecedor de lo prometido y de lo que otros tienen.

Haber padecido una traición en la infancia construye personas controladoras y que quieren tenerlo todo atado y reatado. Si has padecido estos problemas en la infancia, es probable que sientas la necesidad de ejercer cierto control sobre los demás, lo que frecuentemente se justifica con un carácter fuerte.

Estas personas suelen confirmar sus errores por su forma de actuar. Sanar las heridas emocionales de la traición requiere trabajar la paciencia, la tolerancia y el saber vivir, así como aprender a estar solo y a delegar responsabilidades.

5- La injusticia
La injusticia como herida emocional se origina en un entorno en el que los cuidadores principales son fríos y autoritarios. En la infancia, una exigencia en demasía y que sobrepase los límites generará sentimientos de ineficacia y de inutilidad, tanto en la niñez como en la edad adulta.

Las consecuencias directas de la injusticia en la conducta de quien lo padece será la rigidez, pues estas personas intentan ser muy importantes y adquirir un gran poder. Además, es probable se haya creado un fanatismo por el orden y el perfeccionismo, así como la incapacidad para tomar decisiones con seguridad.

Requiere trabajar la desconfianza y la rigidez mental, generando la mayor flexibilidad posible y permitiéndose confiar en los demás.

Ahora que ya conocemos las cinco heridas del alma que pueden afectar a nuestro bienestar, a nuestra salud y a nuestra capacidad para desarrollarnos como personas, podemos comenzar a sanarlas.

3 verdades dolorosas que olvidamos demasiado pronto

Decía Aldous Huxley que “los hechos no dejan de existir porque se los ignore”. En efecto, el hecho que no queramos ver la realidad no implica que las cosas vayan a ser de otra manera. Sin embargo, admitir la realidad, aunque duela, nos da una oportunidad para adaptarnos. Pero algunas de esas verdades dolorosas son olvidas demasiado pronto.

Da igual que hayas vivido mucho o no tanto. Seguro que en algún momento has aprendido alguna valiosa lección de forma dolorosa, directa o indirectamente. De vez en cuando conviene recordar esas verdades aprendidas por las malas o por las que hemos visto sufrir a los demás.

No se trata de vivir con miedo, pero tampoco actuar como si la vida fuera eterna o como si siempre fuéramos a disfrutar de lo que tenemos hoy. Las verdades pueden doler, pero también pueden ayudarnos a permanecer con los pies en el suelo y, sobre todo, a disfrutar de nuestro momento presente con plena consciencia.

Estar ocupado no es lo mismo que ser productivo
Todos debemos -o, al menos, deberíamos- tener un objetivo en la vida. Nuestras metas exigen un trabajo, un esfuerzo. Ser productivo es trabajar para alcanzar esos objetivos. Algo que tenemos que hacer sin olvidar es el hecho de que hacer algo no implica que ese trabajo nos acerque a lo que buscamos.
Mucha gente se pasa el día haciendo cosas, llenando sus horarios de actividades, pasando horas eternas frente a sus ordenadores o dispositivos haciendo cosas. Pero para alcanzar una meta no es necesario hacer mucho, sino hacer lo necesario. El problema es que lo necesario suele ser bastante duro y complicado, y es más fácil ocuparse en otras cosas que puedan etiquetarse de forma similar.
Si quieres conseguir algo en la vida tienes que ser verdaderamente productivo, pensar en lo que debes hacer y hacerlo de forma efectiva. Leer sobre cómo hacer algo, planificar tu futuro, hablar sobre lo que vas a hacer o hacer cosas para probar a ver qué tal está bien en la primera fase, pero si quieres llegar lejos tienes que dar pasos más allá.

Al final de todo, lo que cuenta no es lo que has hecho para conseguir algo, sino lo que realmente has conseguido. Da igual lo mucho que te hayas esforzado, las horas que le hayas echado, el dinero que te hayas gastado, las ganas que tengas de hacer algo o lo mucho que hayas hablado y pensado. Deja de hacer por hacer y empieza a ser consciente y responsable de tu tiempo y tus actos.

Todo éxito está precedido de algunos fracasos
Cometer errores es humano y es una de las verdades más importantes. Algunos son inevitables, otros simplemente ocurren porque no se tuvieron en cuenta algunos factores que no se consideraron importantes o no se detectaron. No importa. Si te apoyas en ellos aprenderás lecciones que no encontrarás en ningún sitio.
Para aprender de un error es necesario perdonarse a uno mismo, no avergonzarse y colocarlo como lanzadera. Todos los grandes han fracasado alguna vez. Mientras no te rindas, nada está totalmente perdido.

La diferencia entre el maestro y el aprendiz es el número de veces que ambos han fallado: el maestro ha fallado muchas veces más. Cuantos más fallos cometes más oportunidades para aprender encuentras y, por lo tanto, más sabes.

La vida humana es bastante corta
La esperanza de vida media del ser humano es poco más de ochenta años. En algunas zonas o culturas puede que esta media sea algo mayor o incluso sensiblemente inferior. En cualquier caso, diez o veinte años no son nada en comparación con los miles de años de historia de la humanidad o los millones de años de historia del universo.

La muerte nos llegará a todos, el mundo seguirá su curso y la historia continuará. Sin embargo, cuando alguien de nuestro entorno fallece sentimos una enorme sorpresa y consternación. Incluso aunque sea una muerte anunciada todavía algo en nuestro interior se altera.
¿Cuántas cosas le quedaron por hacer o por decir el difunto?, ¿cuántas cosas se perdió?, ¿cuántas cosas quisiste decirle y no le dijiste? ¿Cuántas cosas se te ocurren que podías haber podido cambiar en él?

Muchas personas, al ver próxima la muerte, se dan cuenta de que han cometido muchos errores, que han dejado pasar muchas oportunidades; que no han vivido libremente, sino condicionados por su entorno. Nuestro tiempo en esta vida es corto, pero suficiente si lo aprovechamos al máximo, si vivimos según nuestros valores y buscando crecer como personas desde la consciencia de lo que somos y hacemos.

Las enfermeras y los enfermeros son el corazón del cuidado de la salud

Las enfermeras y los enfermeros, así como los auxiliares de enfermería, son el corazón del cuidado de la salud. Tan importante es su trabajo como el de los médicos pero, sin embargo, muchas veces olvidamos que sin su labor, nada sería posible.

Ellos son esos ángeles de profesión que cuando el miedo, el dolor y el frío de los problemas de salud nos atenazan, están en el lugar que necesitamos con la firme disposición de hacernos más liviano el malestar.

Podemos olvidar sus nombres, pero nunca olvidaremos su trato
Podremos olvidar sus nombres pero lo cierto es que nunca olvidaremos cómo nos trataron y cómo nos hicieron sentir. Como en todos los ámbitos de la vida, nos encontraremos con personas más o menos hábiles y más o menos profesionales.
Sin embargo la inmensa mayoría están donde están porque aman su trabajo, aman ayudar y aliviar los dolores de los demás. Su pasión por el cuidado hace de su profesión un arte. Para ello se requiere una gran devoción y una dura preparación que exige una dedicación total y profunda.

Las personas que se dedican al ejercicio de la enfermería son almas de corazón y de cuidado que pasan por nuestra vida, almas a las que les es suficiente un minuto para dejar una huella que se mantiene por toda una eternidad en nosotros.

Ellos son profesionales resueltos, activos y dinámicos que están siempre en primera línea de batalla, que consagran su vida a la atención médica de las personas que lo necesitan, sean de la condición que sean.
El amor por la vida, el principio de su vocación
Aman la vida y, por ello, luchan cada segundo porque la atención sanitaria sea la mejor. Cambian pañales, toman constantes, manejan medicaciones, canalizan emociones y nos acompañan en los momentos más duros de nuestra vida.

Por eso, justamente por eso, debemos rendirles homenaje día tras día. Porque sin su labor, sin su corazón, sin su afán de ayuda al prójimo y sin su motivación por el apoyo constante y el conocimiento de cada realidad, nuestros sistemas sanitarios no se sostendrían.

El cuidado es la esencia de la enfermería
Porque si hay algo que estos ángeles sanitarios definen es que una carrera no es una simple profesión, sino una forma de vida. Porque la enfermería es mucho más que un oficio, es un desempeño profesional en el que conviven el conocimiento, corazón, fortaleza y humanitarismo.

Por todo esto hoy va por todos ellos, por cada uno de esos enfermeros y enfermeras que nos apoyaron y que día tras día se mantienen firmes en la pelea para que todos tengamos a nuestro alcance una asistencia sanitaria de calidad.

Porque están hechos de una pasta diferente, porque tienen remedios para todo, porque llevan la emoción en las venas, porque son el corazón del cuidado de la salud. Por eso se merecen un gran homenaje de profunda gratitud. ¡¡Gracias por ser nuestros ángeles protectores!!

“Querida chica del bañador verde”, la carta que está conmoviendo las redes

“Querida chica del bañador verde” es la carta viral que da cuenta de que no importa cómo seamos. Da igual si nos caracterizamos por ser ingeniosas, creativas, inteligentes, cultas, cariñosas, perseverantes o trabajadoras. Es más importante resultar guapa, atractiva y moderna.

Por eso nos escondemos. Por eso escondemos nuestras marcas de vida, nuestras estrías, nuestros kilos de más y nuestros kilos de menos. Por eso manejamos con disimulo nuestra camiseta y buscamos vernos más “guapas” y photoshopear nuestra realidad.

Esto lo ha reflejado a la perfección Jessica Gómez en su carta “Querida chica del bañador verde”, texto que os acercamos en este espacio para invitaros a reflexionar y ser vuestra voz interior sana y la de vuestros hijos.
La carta viral, “Querida chica del bañador verde”
Querida chica del bañador verde:

Soy la mujer que está en la toalla de al lado. La que ha venido con un niño y una niña.

Primero que nada, decirte que estoy pasando un rato muy agradable junto a ti y tu grupo de amigos, en este trocito de tiempo en el que nuestros espacios se rozan y vuestras risas, vuestra conversación ‘transcendental’ y la música de vuestro equipo me invaden el aire.

¿Sabes? He alucinado un poco al darme cuenta de que no sé en qué momento de mi vida he pasado de estar ahí a estar aquí: de ser la chica a ser “la señora de al lado”, de ser la que va con los amigos a ser la que va con los niños.

Pero no te escribo por nada de eso. Te escribo porque me gustaría decirte que me he fijado en ti. Te he visto, y no he podido evitar verte.

Te he visto ser la última en quitarte la ropa. Te he visto ponerte detrás de todo el grupo, disimuladamente, y quitarte la camiseta cuando creías que nadie te miraba. Pero yo te vi. No te miraba, pero te vi.

Te he visto sentarte en la toalla en una cuidada postura, tapando tu vientre con los brazos.

Te he visto meterte el pelo tras la oreja agachando la cabeza para alcanzarla, quizá por no mover los brazos de su estudiadísima posición casual.
Te he visto ponerte en pie para ir a bañarte y tragar saliva nerviosa por tener que esperar así, de pie, expuesta, a tu amiga, y usar una vez más tus brazos como pareo para taparte: tus estrías, tu flaccidez, tu celulitis.

Te vi agobiada por no poder taparlo todo a la vez mientras te ibas alejando del grupo tan disimuladamente como antes lo hiciste para quitarte la camiseta.

No sé si tenía algo que ver, en tu descontento contigo misma, que la amiga a quien tú esperabas se soltaba su larguísima melena sobre una espalda a la que sólo le faltaban unas alas de Victoria’s Secret. Y mientras tanto tú ahí, mirando al suelo. Buscando un escondite en ti misma, de ti misma.

Y me gustaría poder decirte tantas cosas, querida chica del bañador verde… Puede que porque yo, antes de ser la mujer que viene con los niños, he estado ahí, en tu toalla.

Me gustaría poder decirte que, en realidad, he estado en tu toalla y en la de tu amiga. He sido tú y he sido ella. Y ahora no soy ninguna de las dos –o acaso soy ambas aún- así que, si pudiera dar marcha atrás, elegiría simplemente disfrutar en lugar de preocuparme -o vanagloriarme- por cosas como en cuál de las dos toallas, la suya o la tuya, prefiero estar.
Quisiera poder decirte que he visto que llevas un libro en tu bolsa, y que cualquier vientre que ahora tenga tus dieciséis años perderá, probablemente, su tersura mucho antes de que tú pierdas la cabeza.

Me gustaría poder decirte que tienes una preciosa sonrisa, y que es una pena que estés tan ocupada en ocultarte que no te quede tiempo para sonreír más.
Me encantaría decirte que ojalá te vieras con los ojos de una mujer de treinta y pico porque quizás entonces te darías cuenta de lo mucho que mereces ser querida, incluso por ti misma.

Me gustaría poder decirte que la persona que algún día te quiera de verdad no amará a la persona que eres a pesar de tu cuerpo, sino que adorará tu cuerpo: cada curva, cada hoyito, cada línea, cada lunar. Adorará el mapa, único y precioso, que dibuja tu cuerpo y, si no lo hace, si no te ama así, entonces no merece que le ames.

Me gustaría poder decirte que –créeme, créeme, créeme- eres perfecta como eres: sublime en tu imperfección.

Pero, ¿qué te voy a decir yo, si sólo soy la mujer de al lado?

Aunque, ¿sabes qué? Que he venido con mi hija. Es la del bañador rosa, la que juega en el río y se está untando en arena. Hoy sólo le ha preocupado si el agua estaría muy fría.

A ti no te puedo decir nada, querida chica del bañador verde…

Pero todo, TODO, se lo voy a decir a ella.

Y todo, TODO, se lo diré a mi hijo también.

Porque así es como todos merecemos ser queridos.

Y así es como todos deberíamos querer.

domingo, 11 de septiembre de 2016

saber ser feliz con lo que tienes, eso es riqueza.


deja de tener miedo a vivir

El Miedo Es Natural En Los Seres Humanos

El miedo está presente en nuestra vida por una razón fundamental: sobrevivencia.

Si no sintiéramos miedo de absolutamente nada, nuestra vida peligraría todo el tiempo. El miedo es como un aviso de que algo “malo” puede ocurrir. Y entonces te da un poco de tiempo para prevenirlo.

sentir miedo es un instinto de supervivencia 
Los animales sienten miedo y deciden atacar o huir, siempre como un instinto de máxima supervivencia.

Nosotros también tenemos este instinto, pero a diferencia de los animales, nos adelantamos con mucha anticipación a estos eventos peligrosos.

Y como resultado, nos preocupamos y nos atemorizamos de cosas que solo están en nuestra imaginación. Que solo hemos estimado (muchas veces de forma equivocada).

Este miedo nos aleja de nuestras metas y de lo que queremos lograr. Forma una barrera entre el lugar en donde estamos ahora y al que queremos llegar.

Por eso, aunque sepas que tu vida no corre peligro el miedo sigue ahí instalado, bloqueando tus mejores intenciones por lograr lo que te propongas.

Cada día es un regalo, vívelo así

''Cada día es un regalo, vívelo así, pues el amor que sienten por ti es una bendición, no todo el mundo es capaz de darlo. En lo personal me gusta creer que las personas somos seres de amor, capaces de dar y recibir alegría los unos a los otros. Me gustaría creer que el amor que entrego es recibido con el mismo valor con el que lo he regalado''...