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martes, 6 de octubre de 2015

¿En qué zona del cerebro se encuentra el amor?

Que los sentimientos amorosos no se forman en el corazón sino en el cerebro, es algo que la ciencia ha demostrado hace tiempo. ¿Pero dónde exactamente? Científicos de la Universidad de Concordia, en Canadá, han dado con la respuesta. Y aseguran que prácticamente coincide con el área cerebral donde reside el deseo sexual.

Concretamente, a partir de veinte estudios independientes que examinaban la actividad cerebral de distintos sujetos mientras observaban imágenes eróticas o fotografías de sus seres queridos, Jim Pfaus y sus colegas han llegado a la conclusión de que tanto el amor como el deseo sexual activan áreas del núcleo estriado y de la ínsula. Sin embargo, las neuronas que se estimulan son ligeramente distintas. La región activada por el deseo sexual es la misma que se pone en marcha ante estímulos que causan placer inmediato como el sexo y la comida. Sin embargo, el área vinculada al amor está implica en procesos de condicionamiento mediante los cuales a aquellas cosas que nos generan una recompensa se les atribuye un valor, convirtiendo el deseo en amor. 

Además, el amor activa también rutas en el cerebro que están involucradas en la monogamia. "Mientras el deseo sexual tienen un objetivo específico, el amor es más abstracto y más complejo, y no depende tanto de la presencia física de la persona hacia quien se profesa", aclara Pfaus, que añade que el amor es un hábito, "aunque no malo", que nos vuelve "cerebralmente adictos".

¿Qué es la agalmatofilia?

Continuando con nuestro repaso por las parafilias más curiosas o extravagantes, hoy hablamos de la agalmatofilia, una parafilia caracterizada por una atracción sexual irrefrenable hacia todo tipo de estatuas, bustos, maniquíes, muñecos u objetos inanimados similares.


Entre las apetencias sexuales de los agalmatofílicos puede encontrarse el simple hecho de tener una fantasía en la que se mantienen relaciones sexuales con una estatua u otro objeto de deseo; mantener un contacto sexual directo con el objeto inanimado u observar esculturas en posiciones sugerentes o desnudas. No es extraño encontrar dentro de esta parafilia el pigmalionismo que, en referencia al mito de Pigmalión en el que el escultor se enamoró de una estatua que había hecho él mismo, revela un sentimiento exacerbado hacia un objeto creado por uno mismo.

A pesar de lo que pueda parecer, esta parafilia es bastante popular a nivel mundial, sobre todo en los países del norte de Europa.

La etimología de esta palabra procede del griego “agalma” que significa “estatua” y -philia, que significa “amor”. La agalmatofilia también se conoce habitualmente agalmatosexualismo.

¿Es posible que una mujer no llegue nunca al orgasmo?

"Incapacidad de una mujer para alcanzar el orgasmo". Así definieron la anorgasmia a mediados del siglo XX William H. Masters y Virginia E. Johnson, pioneros en la investigación de la naturaleza de la respuesta sexual humana. Se trata, por tanto, de una de las primeras disfunciones sexuales descritas, y una de las más comunes entre mujeres, no tanto entre hombres. La anorgasmia se manifiesta con la ausencia de clímax tras una fase de estimulación sexual considerada como “normal”.



Si bien todas las mujeres nacen con la capacidad de alcanzar dicha culminación del acto sexual, caracterizada por un placer intenso y por la pérdida de control muscular, un considerable porcentaje de ellas sufre de manera reiterada un bloqueo que le impide sobrepasar la fase de meseta previa a la incontinencia característica del orgasmo, especialmente a través de la estimulación coital. En España, este porcentaje se aproxima al 40 por ciento de la población femenina, donde una décima parte no ha llegado siquiera a experimentar nunca un orgasmo.


Tras este problema fisiológico subyacen, en un 95 por ciento de los casos, factores psicológicos y culturales como pueden ser malos hábitos onanistas o experiencias traumáticas previas, que impiden mantener una actitud relajada y natural ante el incremento de la tensión sexual. Se debe en menor medida a causas orgánicas como consumo excesivo de fármacos, lesiones o anomalías en el flujo sanguíneo. No obstante, un reciente estudio publicado en la revista Journal of Sexual Medicine ha puesto de manifiesto otro factor físico que impediría el feliz transcurso hasta la “petite mort”: el tamaño del clítoris y la distancia de su zona interna con el canal vaginal.


Según este trabajo, un glande clitoriano pequeño y una mayor distancia desde el cuerpo del clítoris a la pared vaginal están asociados a la anorgasmia. Para obtener esta conclusión, los investigadores del Hospital Buen Samaritano de Ohio (EE.UU.), analizaron los hábitos sexuales de una treintena de mujeres, tanto anorgásmicas como de facilidad orgásmica normal, junto con las características anatómicas de sus genitales. Encontraron que las primeras poseían un glande clitoriano (su estructura es similar a la del pene) de tamaño muy inferior y una distancia un 30 por ciento mayor desde el clítoris interno a la vagina. A pesar de que los autores obviaron el aspecto predominantemente psicológico del trastorno, consideran que sus resultados son consistentes y arrojan importantes luces a un área de estudio altamente inexplorada.


Por el momento y hasta obtener una mayor evidencia de dichas limitaciones físicas, consultar a un especialista para desprenderse de las constricciones psicosociales seguirá siendo el tratamiento más eficaz de esta disfunción sexual, que afortunadamente tiene fácil solución, no así la pérdida de deseo sexual, la segunda más común entre mujeres.

La exposición de productos químicos tóxicos amenaza la reproducción humana y la salud

Aumentó la exposición de productos químicos tóxicos en las últimas cuatro décadas y está amenazando la reproducción humana y la salud. La exposición a productos químicos tóxicos ambientales está vinculado a millones de muertes y cuesta miles de millones de dólares cada año.

El aborto involuntario, retraso del crecimiento fetal, malformaciones congénitas, neurodesarrollo alterada o reducida y función cognitiva, aumento en el cáncer, problemas de atención, conductas de TDAH y de hiperactividad son algunas de las consecuencias vinculadas a productos químicos como pesticidas, contaminantes del aire , plásticos, solventes y más.

La investigación fue realizada por  los gineco-obstetras y científicos de E.E.U.U, Reino Unido y las sociedades profesionales de salud reproductiva de Canadá, la Organización Mundial de la Salud y la Universidad de California en San Francisco (UCSF).

“Estamos ahogando nuestro mundo con productos químicos no probados e inseguros, y el precio que estamos pagando en términos de nuestra salud reproductiva es muy preocupante”, aseguró Gian Carlo Di Renzo, Secretario Honorario de la FIGO.
FIGO afirma que los médicos necesitan hacer más que simplemente aconsejar a los pacientes sobre los riesgos para la salud de la exposición química.

Se espera que la fabricación química crecerá más rápido en los países en desarrollo en los próximos cinco años. Los químicos viajan por el mundo a través de los acuerdos comerciales internacionales, tales como la asociación transatlántica para el comercio y la inversión, que se está negociando entre la Unión Europea y los Estados Unidos. Grupos ambientalistas y de salud han criticado el acuerdo propuesto por el debilitamiento de los controles y regulaciones diseñadas para proteger a las comunidades de los productos químicos tóxicos.

La FIGO explica:

• Casi 4 millones de personas mueren cada año debido a la exposición a la contaminación del aire interior y exterior, así como por dirigir.

• Los envenenamientos a los trabajadores agrícolas por pesticidas en  África se estima que costará $ 66 mil millones entre 2005 hasta el 2020.

• La atención de salud y otros gastos derivados de la exposición a disruptores en Europa se estiman en un mínimo de 157 millones de euros al año.

• El costo de las enfermedades infantiles relacionadas con las toxinas ambientales y contaminantes en el aire, los alimentos, el agua, el suelo y en las casas y barrios se calculó en $ 76,6 mil millones en el año 2008 en los Estados Unidos.

¿Qué le pasa a tu cuerpo cuando te quedas despierto toda la noche?

Hay momentos en que es inevitable desvelarse, pero debes de ser consciente de cuán perjudicial  es para tu cuerpo. Los neurocientíficos de Noruega han estado investigando de cerca las repercusiones potenciales en la salud, y son bastantes como te podrías imaginar si alguna vez ha sufrido una noche de insomnio.

 Científicos reclutaron a 21 hombres jóvenes sanos que se sometieron a una serie de pruebas a base de imágenes de tensor de difusión, que indican la difusión del agua en el cuerpo y por lo tanto la salud del sistema nervioso. Los voluntarios se quedaron despiertos durante 23 horas, y proporcionaronn algunas condiciones de control, no se les permitió consumir alcohol, cafeína o nicotina durante el estudio, así como no podían comer nada antes de la investigación.

El informe señaló que existían cambios significativos en la materia blanca  del cerebro después de una noche sin dormir, al constatar que la privación del sueño se asoció con la anisotropía fraccional generalizada. En otras palabras, las redes de la 'conectividad' dentro del cerebro sufren una degradación. Los cambios se observaron en toda la parte que cubre el cuerpo calloso, tronco cerebral, el tálamo, extensiones temporales y parieto-occipital y frontal de el cerebro. 

Lo que no está tan claro es si podría un largo sueño al día después recuperar todo el daño que se ha hecho. También asegurann qué otros factores contribuyen a estos cambios en la composición de nuestro tejido neuronal.

 "Mi hipótesis sería que los supuestos efectos de una privación del sueño en la sustancia blanca microestructura son de corto plazo y se podrían revertir después de que uno tenga un par de noches de sueño normal", afirma Torbjørn Elvsåshagen investigador principal. "Sin embargo, podría existir la hipótesis de que la insuficiencia crónica de sueño puede conducir a alteraciones más duraderos en la estructura cerebral." 

Dos de los sujetos en la prueba no mostraron el mismo comportamiento en el patrón cerebral que los demás, lo que indica que tal vez algunos de nosotros tenemos cuerpos que están mejor protegidos contra los efectos de la privación del sueño.

viernes, 2 de octubre de 2015

¿Alguien Recuerda Lo Que Significaba “Te Quiero”?

No sé quién me da más miedo, la gente que no es capaz de decir “te quiero” o la gente que los regala como si fueran caramelos de la caja de ahorros.

De las parejas que se enamoran en media hora, tienen una relación en Facebook en dos días y te petan el muro con lo mucho que se aman cuando llevan media semana juntos, pues tampoco creo que haya mucho que decir. Quien más, quien menos, todos nos hemos emocionado con alguien más rápido de la cuenta alguna vez, aunque, por suerte, no todos hemos tenido la necesidad de reventar Internet con la historia como si fuera la boda de Brangelina. Lo normal es que, cuando te pase esto, te pegues un batacazo, espabiles, y a la próxima andes un poco más con pies de plomo.

A la gente que vive atrapada en este bucle de intensos romances de dominio público que duran mes y medio solo decirles: sois muy pesados. Nos da igual. En serio, nadie piensa “Qué monos, qué envidia”, la gente solo desea en secreto que entréis en coma diabético. Si estás en duda de si puedes estar intoxicado por esta enfermedad, pero la inmensa felicidad que te produce estar con tu churrilove podría estar corroyendo tus capacidades cognitivas, échale un ojo a tus amigos de Facebook, si van mermando non-stop, ahí tienes tu respuesta.

A la antítesis de los empalagosos de arriba yo los suelo llamar “estreñidos emocionales”. De esto solemos pecar todos en alguna época de la vida, y para muchos directamente es una forma de enfrentarse a ella. Algunos se definen como independientes, escépticos y realistas (nunca pasotas, desconfiados y depresivos, qué va). Cuestionan constantemente la existencia del amor, suelen decir que es una invención literaria y su eslogan para las relaciones es “Para qué vamos a ponerle nombre a las cosas”.

Hay gente que viene fría de fábrica y nunca encuentra a nadie que les ablande por dentro. Hay gente que se ha colocado esta coraza para protegerse de lo que pueda venir, que más vale malo conocido que bueno por conocer, y una vez acostumbrados a la soledad, no parece tan mala compañera. Hay gente que tiene tanto miedo que ni siquiera se da cuenta de que las decisiones las toman sus fantasmas en lugar ellos. Hay gente que es así porque “les sale” y hay otros que constantemente se obligan a reforzar estas barreras que nada tienen que ver con su verdadero yo.

Creo que en muchos casos esta incapacidad a la hora de verbalizar el amor no es por frialdad, sino por todo lo contrario. Que alguien que realmente tiene un concepto muy elevado de lo que es el amor, y el compromiso que conlleva, no quiere precipitarse. Y no hablo solo de abrirse y exponerse ante otro, del miedo al rechazo, es sobre todo que si realmente le das a esas palabras la importancia que tienen, cuando le dices a alguien “te quiero” estás diciendo mucho más. Le estás diciendo que le aceptas como es, que vas a estar ahí cuando lo necesite y que no puedes imaginarte una vida en la que nunca os hubierais conocido, le estás haciendo una promesa y no quieres traicionarle. Y al final nos encontramos con que estamos tan intoxicados de te quieros vacíos que a veces cuando nos llega uno de verdad no tenemos ni idea de qué hacer con ello.

¿Dar Para Recibir o Dar Sin Esperar Nada A Cambio?

¿Nunca has conocido a esa clase de persona a la que cuanto más le das, menos recibes? Es algo que te rompe los esquemas ya que cuando alguien te interesa, lo que te nace es dar y dar, sin condiciones ni miramientos, pero, ¿y si eso fuera contraproducente? ¿y si la clave estuviera en todo lo contrario? ¿y si la sensación de no tener las “cosas hechas” es la que mueve el interés?

Quizás estamos tan acostumbrados a tener todo tan “a mano” que “lo fácil” deja de tener interés. Y parece que estamos en un momento en el que complicarnos la vida nos hace desear más, de manera inequívoca, lo que creemos que no podemos tener.

Soy consciente de que lo que debería ser es dar sin esperar nada a cambio, pero aun así, en ese caso, ¿quién es capaz de no esperar nunca nada? ¿cómo se controla hasta cuánto tienes que esperar de alguien?

Para los que de manera envidiable utilizáis las reglas de las magnitudes directamente proporcionales, nada que decir, sois coherentes y prácticos. En cambio, para los que tienen ese inevitable imán hacia las cosas complicadas, hacia las causas perdidas,  creo que quizás, en algunos casos, merece la pena utilizar un poco la cabeza para autoprotegerse, incluso como “estrategia” para conectar con alguien. Y sí, suena muy frío lo de estrategia, pero en tiempos de conquista, cada uno es libre de poner sus reglas del juego y, además, lo de guardarse un par de ases en la manga está más que inventado. No se trata de hacer el papelón de tu vida, cada uno es como es y te deben querer tal cual, pero quizás no te venga mal poner en manos de tu inteligencia emocional algunos aspectos de tu modus operandi en el arte de cortejar.

Claro que habrá valientes admirables que de manera muy generosa abarquen las relaciones con el corazón abierto y queden conscientemente expuestos a en algún caso no recibir absolutamente nada a cambio. Si, por el contrario, estás en ese momento en el que una fina armadura te vendría de perlas, a veces menos es más, y ser cauto, observador, seguro y poco previsible pueden ser las cartas que necesites para llegar a esa persona sin demasiada exposición.

Ojo, si en esos primeros pasos consigues recibir algo, no olvides ir quitándote tu armadura, pues no es sostenible mantener una relación en la que todo el mundo está a la espera de recibir sin dar. Y además, ¿no sería una pena que nadie nunca arriesgue? En fin, esto de los sentimientos y la ley de la oferta y la demanda es un lío muy personal. Se abre el debate.