Seguidores

Pages - Menu

viernes, 2 de octubre de 2015

¿Y Si Estuviéramos Todos Locos?

Locos, pero totalmente. Locos hasta el punto de no distinguir lo que es real de lo que no. Imaginad por un momento que todos somos esclavos de un sistema a lo Matrix, que todo lo que hacemos lo hacemos porque alguien nos ha programado para que lo hagamos sin darnos cuenta de que no somos dueños de nuestra voluntad. Imaginad que el mundo no es lo que creemos que es, que solo vemos y creemos lo que nos han puesto delante de los ojos.

Imaginad que ese mismo sistema nos ha dicho lo que está bien y lo que está mal; lo que es posible y lo que es imposible; lo que nos debe importar y lo que no; lo que debemos amar y lo que debemos odiar; lo que debemos creer y lo que debemos negar. Y también imaginad que nos ha implantado en el cerebro la idea de que todo el que no cumple las pautas es el loco, de manera que nosotros mismos nos encargamos de vigilar que el equilibrio se mantenga.

Imaginad que no somos libres, que vivimos dentro de un sistema que nos dice cuándo y cuánto hay que estudiar, cuándo y cuánto hay que trabajar, que nos pone las normas a seguir para ser personas aceptables y no ser apartadas. Un sistema perfectamente pensado para que nadie se dé cuenta de que está enganchado a él: que nos da libertad pero nos dice cómo tenemos que usarla; que nos ofrece emociones tan irracionales como el amor, pero nos ha enseñado que debemos vivirlas de manera controlada; que nos dice que disfrutar es lo más importante, pero no nos deja tiempo para hacerlo porque nos hace creer que tenemos todo el tiempo del mundo; que crea naturalmente la sensación de que tomamos decisiones, pero con la misma naturalidad nos dio todas las respuesta incluso antes de hacernos las preguntas.

Imaginad que el sistema está en todas partes, que controla todo lo que hacemos y todo lo que somos. Que está en la televisión, en la radio, en los periódicos, en las escuelas, en Internet. Imaginad que incluso lo llevamos en nuestro smartphone. Un sistema que desde pequeños nos ha estado bombardeando durante varias horas al día, todos los días del año, desde el primer momento en el que tuvimos conciencia, programándonos para ser humanos en serie. Humanos demasiado ocupados con las tareas asignadas como para preguntarse si realmente existe un sistema.

Ahora dejad de imaginar, y empezad a pensar.

¿Y si estuviéramos todos locos?

Si No Eres Capaz De Aceptar, Estás Condenado A Fracasar

En la carrera de los defectos personales, la necedad debe estar entre los primeros puestos. Sí, esa actitud inflexible que destaca más por lo irracional que por lo intransigente, donde esa persona que es “necia” no tiene más argumentos que “porque me da la gana”.

El necio es torpe, testarudo, cae mal y para quienes le rodean no es más que un enfermo mental. Nada lo razona, todo lo escupe, lo grita, lo impone y para él –o ella– no existe tal cosa como “ganarse”, sino más bien “imponerse”. El necio no justifica sus acciones, no tiene porqués, solo se deja guiar por los impulsos del momento, por corazonadas que confunde con “intuición”, pero que realmente son estupidez en carne viva. El necio no acepta, y si no eres capaz de aceptar, entonces estás condenado a fracasar.

Las personas huyen con facilidad de las responsabilidades y prefieren dejar en manos de otros la toma de decisiones, porque la angustia sobre si acertarán o fallarán tiene un peso muy grande para su mediocre entereza individual. Dejar que otros tomen decisiones por ti, ocultar la verdad o decir mentiras son solo algunas de las consecuencias de ser un verdadero irresponsable. Y en este mundo los irresponsables pueden tener suerte algunas veces, pero jamás tendrán éxito.

Porque el éxito es para los de alma grande, no para los pusilánimes; para los que entienden que asumiendo responsabilidades y aceptando errores se triunfa en este paraíso de experiencias que es la vida. Nadie que acostumbre a evadir, a negar, a mentir, podrá competir jamás con esos que corren riesgos, que se aventuran aun cuando pierden; porque tienen las pelotas para pararse de nuevo, para empezar como si nada, para seguir siendo ellos por encima de todas esas señales de culpa y reproche. ¿Podrá un necio con eso? Jamás.

Si no eres capaz de aceptar, entonces estás condenado a fracasar, porque tu regla es: yo no aprendo, yo solo creo que me las sé todas. Pero cada cosa que el necio dice, hace y cada paso que da no tiene ningún sentido, ninguna lógica, solo una estúpida ocurrencia.

¿Conoces algún necio? Seguro que sí. El problema es que a veces no nos atrevemos a decírselo a la cara, con lo cual irremisiblemente estamos aprobando su actitud. ¿Eres tú? Cambia rápido; el primer paso es aceptarlo antes de que sea demasiado tarde.

El consejo es sencillo: acepta, antes de que lo pierdas todo.

El Mundo Cambia Cuando Dos Se Miran Y Se Reconocen

¿Alguna vez te ha pasado que para sentir que quieres a alguien te basta con solo mirarla? Y es que esa teoría que algunos aplican sobre el hecho de medir la intensidad del amor según el tiempo es realmente tonta. Negar que podemos sentirnos enamorados en tan solo un cruce de miradas es evadir la realidad de que aún existen cosas que no podemos explicar, pero para eso sí nos servirá el tiempo.

El amor no es inexplicable, pero algunos sentimientos sí. Cuando sentimos que conocemos a alguien de toda la vida pero apenas la estamos viendo por primera vez, simplemente estamos actuando guiados por la intuición. Es un acto del subconsciente, quizás él sí se está percatando de detalles que a simple vista no podríamos explicar pero que poco a poco haremos. Se puede tratar de su mirada, de la forma en la que frunce el ceño; tal vez es solo su tono de voz o esa sonrisa que la hace quedar en evidencia. Lo cierto es que no lo explicaremos a la primera.

“Una mirada dice más que mil palabras” entre tantas otras que quizás no te dicen nada; la viste, la reconociste y ahora solo te queda actuar. Sin duda que es difícil de explicar, y no pretendamos hacerlo inmediatamente. Mientras descubrimos de qué se trata, no nos queda otra más que dejarnos llevar por esa sensación que parece confirmarnos que ella es la indicada, que no hay que seguir buscando a alguien más.

¿El mundo cambia cuando dos se miran y se reconocen? Claro que sí; cambia el mundo de ellos y el de nadie más. Porque antes eran dos completos extraños y el conocerse le da sabor a sus vidas; esa incansable búsqueda del complemento parece haber llegado a su final. Tienen frente de sí un nuevo comienzo, ese que les servirá para confirmar si su instinto les quedará bien o mal.

¿Cuántas veces te has equivocado por tu intuición? Nadie lleva la cuenta de esto cuando dejan que los guíen las emociones; y qué importa si otras veces nos ha fallado ese sexto sentido porque siempre le terminamos dando una segunda oportunidad. En realidad lo hacemos por nosotros mismos, porque deseamos creer que es verdad; por fin hemos encontrado a esa persona especial y eso significa una sola cosa: ya no tengo que buscar más. ¿Qué hacemos con el tiempo? Aprovechémoslo al máximo y veamos qué tal nos va.

jueves, 1 de octubre de 2015

No Es Que Sin Ti No Pueda, Es Que Sin Ti No Quiero

Puede que hace algunos años nos fascinase tener a alguien que se arrastrase por nosotros, capaz de dejarlo todo por estar a nuestro lado. Soñábamos con un amor ciego, sordo y mudo, y estábamos dispuestos a darlo todo también, hasta perdernos. Nos parecía maravilloso escuchar a alguien decir “no puedo vivir sin ti” o ver cómo dejaba de quedar con sus amigos por estar a nuestro lado.

“No podrás querer a nadie más de lo que te quieras a ti mismo”

Podemos ser adictos a muchas emociones, por eso dicen que enamorarse puede ser una droga tan letal como la cocaína. Es muy diferente querer a alguien que depender, aunque el lenguaje del amor muchas veces nos confunda con falsas pistas, como frases románticas que nos han vendido tantas canciones o películas, y que en realidad están contaminadas de egoísmos, actitudes posesivas y una muy baja autoestima.

“Después de un tiempo,
uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano y encadenar un alma.

Y uno aprende…
que el amor no significa acostarse
y una compañía no significa seguridad.

Y uno empieza a aprender…
Que los besos no son contratos
y los regalos no son promesas”.

Fragmento del poema “Con el tiempo uno aprende”, de Veronica A. Shoffstall.

Con el tiempo vamos descubriendo que el amor es otra cosa, y las relaciones distan mucho de ese tipo de relaciones parasitarias que tanto nos vendió Hollywood. Llega un momento en que no hay nada que resulte más atractivo que alguien que se quiera a sí mismo; una persona que elija quererte, aun cuando ya estaba feliz sin estar a tu lado.

Nosotros mismos nos vamos dando cuenta de que podemos estar solos, y de hecho se está muy bien soltero. Por eso, si elegimos estar con alguien no es porque no podamos vivir sin él o sin ella, sino porque nos merece la pena a pesar de estar tan bien solos. Nos compensa renunciar a la comodidad de abrir la nevera y coger cualquier cosa, o tener media cama en vez de una entera, y adaptarnos a los gustos de la tele del otro.

Tener una relación implica adaptarse, pero cuando quieres a alguien te merece la pena.

Es muy fácil caer en determinadas rutinas de dependencia, y a todos nos puede pasar en un momento dado. Porque más allá del amor, el otro puede ser un compañero, alguien que escuche nuestras penas, que nos venga a recoger al trabajo, o que nos haga masajes en la espalda. Podemos acostumbrarnos a que nos desabrochen el vestido por detrás, o a que nos preparen aquel plato que nos encanta. Pero cada día, cada instante, deberíamos recordar que somos libres de quedarnos o marchar, y es sobre el suelo de esa libertad constante donde podemos construir un amor sólido y auténtico.

Creer Ciegamente A Veces Es La Única Respuesta Lógica

¿Qué significa creer? Según la RAE: “Considerar una cosa como verdadera o segura o pensar que existe, sin tener pruebas de su certeza o un conocimiento directo de esta”. Normalmente, cuando decimos que ‘creemos’, hacemos referencia a la religión, pero hay mil cosas en las que se puede creer: en ti mismo, en los demás, en el poder del amor, en la suerte, en la bondad humana por naturaleza…

La gente que cree, sea en lo que sea, suele acabar siendo tachada como ingenua. Y es que el mundo actual, tan avanzado en la ciencia y en el pensamiento racional, deja poco espacio para aquello que no tiene explicación. Necesitamos que todo esté en su sitio, que todo cuadre, que las piezas estén en el tablero para que podamos entender el juego. Y lo que no nos deja entenderlo lo eliminamos.

“En la vida debe haber más cosas de las que vemos. Todo el mundo necesita creer en algo”. Esta frase se la dice Marge a Lisa Simpson en el capítulo Lisa, la escéptica (temporada 9), en el que la pequeña se declara en rebeldía ante todo Springfield cuando aparece un supuesto ángel (la verdad, yo la entiendo, y es que los habitantes de ese pueblo darían el pego en Tordesillas).

Lisa no acepta aquello para lo que no tiene una explicación lógica, es la representación del escepticismo absoluto. Hay dos tipos de escépticos: los que han pasado por una experiencia que les ha hecho perder la fe, o los que como ella piensan que son demasiado inteligentes como para creer en algo que no pueden demostrar.

Pero la razón da igual, en ambos casos son personas que están jodidas. Ser escéptico te lleva a cuestionarlo absolutamente todo, pero cuantas más respuestas encuentras, más preguntas aparecen; cuanto más creemos saber, más cegados estamos, menos fe tenemos. Y mientras gastas tu tiempo enfrascado en esa búsqueda sin fin, la vida va pasando aunque tú no la entiendas: van surgiendo oportunidades que no aprovechas, momentos que no vives, personas a las que no prestas suficiente atención. Y todo porque no te atreves a creer sin más.

Como se suele decir: “Los árboles no te dejan ver el bosque”. En este caso el bosque es un mundo lleno de cosas que no tienen una explicación lógica, y tener fe implica aceptar esto. Aceptar que no vas a encontrar el porqué de todo es el primer paso para disfrutar de cosas que solo puedes ver si antes decides creer en ellas.

Este Es El Mejor Momento De Tu Vida

Siempre estamos mirando hacia alguna fecha: cuando nos quitemos ese examen, cuando por fin nos suban el sueldo, cuando encontremos pareja, cuando lleguen otra vez las vacaciones… Si es lunes, nos impacientamos para que sea viernes, y si es viernes y estamos volviendo a casa en autobús, esperamos al bus con inquietud. Nos perdemos la vida por el afán de vivirla intensamente, cuando la única forma de poder disfrutarla al máximo es empezar a estar ya inmersos en ella, salir a la cancha, conectar con el momento presente al cien por cien.

“La vida es aquello que te sucede mientras estás distraído haciendo otros planes”. John Lennon

¿Por qué no empezar a valorar todo antes de perderlo? Muchas veces cometemos el error de pensar que la vida es como un depósito de felicidad, que si no la gastas te quedará para más tarde, pero en realidad no es así. Cada día la vida nos pone 24 horas en el bolsillo y al final del día las perdemos, las hayamos aprovechado o no. Cada persona con la que estamos, cada comida, cada paseo, cada día… Tenemos muchas experiencias maravillosas a nuestro alrededor que a veces ni vemos porque estamos cansados, distraídos, preocupados o inquietos. No tiene sentido que mientras estamos con la pareja nos pongamos a chatear con un amigo, pero después quedemos con el amigo y estemos hablando por Whatsapp con la pareja.

No nos damos cuenta de lo rápido que pasa la vida hasta que ya ha sucedido. Primero llegan los 20, y se acabó el instituto. Luego acaban los 20 y empiezas a darte cuenta de que tener veinte no era para siempre… ¿No merece más la pena aprenderlo antes y así aprovecharla bien? Podemos aprender de los errores de otros, como las personas mayores que cuando ven cerca su muerte se dan cuenta de que hicieron mal en no aprovecharla más.

Una enfermera que había trabajado durante años en cuidados paliativos, cuidando a personas en fase terminal, identificó cinco cosas que las personas lamentaban de su vida. Normalmente no era algo de lo que se arrepentían de haber hecho, sino lo que les daba pena no haber hecho. De lo que más se arrepentían las personas era de no haber perseguido sus sueños y haber vivido según lo que los demás esperaban de ellos. También se lamentaban de haber trabajado demasiado duro, de no haber expresado sus sentimientos, de no haber sido felices y muchos se arrepentían de haber perdido el contacto con sus amigos.

“Muchas personas antes de morir se arrepentían de haber perdido el contacto con sus amigos”.

Entre preocupaciones del futuro y recuerdos que nos anclan al pasado, muchas veces cerramos los ojos a la vida que tenemos delante de nosotros, una vida que no durará para siempre. Tenemos amigos a los que ver, sentimientos que expresar, proyectos profesionales que hacer, lugares maravillosos a los que viajar… Pero sobre todo tenemos delante el día de hoy, que acabará esta noche, y de ti depende si habrá sido una cruz más que tachar en un gran calendario de días perdidos, o si será un día memorable, uno de esos que merece la pena por sí mismo.

“Creamos lo que creemos”.

Muchas veces olvidamos el poder de la actitud, pero si nos paramos a pensar, en realidad cuando nos despertamos pensando que realmente hoy es el mejor día de nuestra vida, se convierte en un gran día. Somos más simpáticos con el portero, sonreímos en el metro, hacemos un chiste en el trabajo, disfrutamos más de ese café con una amiga, escribimos a alguien un mensaje cariñoso… En definitiva, solamente por creer que será un gran día enviamos señales al mundo para que se entere, y es más probable que nos devuelva como respuesta esa misma felicidad que nosotros ya estamos sintiendo.

Solo existe el presente en realidad, solo existe el aquí y el ahora, porque lo demás solo está en nuestra mente, es una simple idea, por mucho que nos quedemos pensando en ella durante horas. Ni mañana, ni el viernes, ni las próximas vacaciones… ¡Hoy, aquí y ahora! Este es exactamente el mejor momento de tu vida, porque es el único en el que realmente puedes hacer algo.

Hombres Con Complejo De Príncipe Azul Pero Que No Llegan Ni A Pitufo

¿Para qué engañarnos? Una de las cosas que más excitación nos provoca es conocer a alguien nuevo. Sobre todo cuando entre ese alguien nuevo y tú existe esa chispa, química o atracción sexual que hace que cada vez que os miráis a los ojos deseéis arrancaros la ropa.

Y, cuando además de esa química, parece que hay conexión (cosas en común, visiones de la vida y expectativas similares), ya todo parece perfecto. Cualquiera diría que has encontrado a un tío por el que estarías dispuesta a dejar la soltería, pero claro, todo está ocurriendo demasiado deprisa, por lo que no puedes evitar estar recelosa.

Y haces bien, pues no sería la primera vez que te encuentras con uno de esos listos de turno que se las dan de galán pero que, con el tiempo, pasan a convertirse en un claro NEXT.

Y es que tengas la edad que tengas, y sea cual sea el tipo de tíos que te mole, el “vendemotos” siempre está ahí. Hombres que van de príncipe azul y no llegan ni a pitufo.

1. Suelen ser guapos e interesantes
Sí, aunque esto no se dé siempre, por lo general suelen poseer estas dos jodidas cualidades que hace que nos sintamos más atraídas hacia ellos. A veces no es que sea una belleza arrebatadora, sino más bien un ligero atractivo, que en combinación con el resto de sus cualidades de “vendemotos” hacen que se sientan como auténticos fuckers, y que nosotras perdamos la cabeza. Y son seres interesantes normalmente, ya sea por su profesión, por sus hobbies o por su maestría de empotramiento.

2. Tienen tanta labia como un psicoanalista argentino
Estos pitufillos tienen el don de saber embaucar mejor que nadie. Y para ello utilizan un tono meloso y asienten ante todas las cosas que haces, que dices que quieres hacer, que te gustan o que odias. Ellos asienten y niegan, la cuestión es darte la razón siempre, aunque en realidad, ni siquiera te están escuchando. Y son soñadores, te propondrán mil y un planes futuros. Y los sueños, sueños son.

3. Siempre tienen la pregunta y la respuesta perfecta
Por eso son tíos que siempre le caerían bien a tu madre, pero a los que tu padre desearía echar de casa a escopetazos. Siempre tienen una sonrisa en la cara y sus respuestas o preguntas hacen que te sientas como en una jodida película de Hollywood: “Qué guapo estás hoy”, “Tú me haces guapo”, etc.

4. Su verdadera intención es echarte un polvo y luego pasar de ti
Aunque jamás te lo dirán así de claro, sus intenciones más que cuestionables pueden entreverse en frases como: “Vamos a tomar una copa”, en vez de un café, “Vamos a tomar algo en mi casa esta noche”, pero rehúsan acompañarte hasta la academia de inglés… Es decir, que sus planes se reducen a cuando se pone el sol y las pasiones son más susceptibles de ser desatadas.

5. Cuando no te joden emocionalmente, te lo pasas bien con ellos
Pero normalmente no es el caso, ya que estos gañanes suelen jugar a dos, tres, o a todas las bandas que su inteligencia y capacidad logística les permitan.

Así que, por lo que más quieras, una vez que hayas reconocido una de estas señales en el chico con el que has salido tres veces pero que te está empezando a gustar, ¡¡¡HUYE!!!

A no ser que te vaya el drama. Si es así, quédate, que si te mola el riesgo, con ellos tu estabilidad emocional parecerá que esté subida en una montaña rusa día sí y día también.