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viernes, 25 de marzo de 2016

Consejos Imprescindibles Para No Cagarla Al Empezar Una Relación

Las relaciones son tan complicadas que solo merece la pena embarcarse en ellas si se hace con muchas ganas y mucha ilusión. Está claro que cada pareja es un mundo, pero hay unas bases mínimas que son imprescindibles, y sin ellas es mucho más probable fracasar en el intento.

No idealices demasiado al otro

Todos tus amigos saben lo especial que te parece, ya que no paras de repetirlo, pero ten en cuenta que en realidad lo más probable es que no sea tan especial, sino que tú estés especialmente fascinado por él o ella. Seguramente es una persona increíble, un hombre vértigo o una chica precipicio, lo que pasa es que en realidad todos somos especiales, pero cuando estamos enamorados somos mucho más positivos para poder ensalzar esas partes maravillosas de la otra persona, y sobre todo cuando acabamos de conocer a alguien.

Es bonito ver el lado bueno de todo, pero en realidad nos estaríamos engañando si nos enamoramos de alguien sin querer reconocer sus defectos. Ser positivos no significa negar los problemas, sino ser capaces de aceptarlos y disfrutar de la vida a pesar de ellos.

No renuncies a ser tú mism@

Es lógico que queramos gustar y seducir, pero deberíamos utilizar nuestras mejores cualidades para hacerlo, en vez de pretender ser alguien que en realidad no somos. Si te suele gustar reír y hacer cosas absurdas, ¿qué sentido tiene crear una pose de persona seria delante de él? Si te encanta el deporte, la política o las motos, ¿qué mejor que abrirte?

Si resulta que encajáis será genial, y habrá valido la pena mostrarte como como eres, y si ser tú mismo se convierte en un problema, mucho mejor haberte dado cuenta a tiempo. Ser tú mismo puede ser el filtro perfecto para saber si vale la pena seguir adelante en una relación, o necesitas parar el tema antes de que al estar enamorados sea mucho más difícil poner distancia.


Mejor no proyectar, cada historia es un mundo

Es normal que a veces mezclemos recuerdos y sentimientos. Si tuvimos una mala experiencia con una antigua relación, probablemente nuestros miedos más profundos tengan que ver con esos traumas acumulados en la mochila de nuestros recuerdos. Por eso, muchas veces comparamos la relación con la que tuvimos con un ex, o con unos amigos, o con nuestros padres.


Cada persona es un mundo, y cada relación es distinta, así que más vale no esperar ni dar por supuesto nada, ni negativo ni positivo. Una buena forma de comunicarse bien desde el principio es decir al otro lo que nos gusta y lo que no, y al mismo tiempo escuchar al otro de verdad, para conocerle por sus acciones y no por nuestros prejuicios.

domingo, 20 de marzo de 2016

La Chica Que Buscó A Su Príncipe Azul Pero No Encontró El Azul Que Le Gustaba

Érase una vez… Hace muchas ganas y poca paciencia, una princesa llena de adrenalina que vivía en un caos. Su vida sentimental estaba rodeada de relaciones insatisfactorias, condena de sus altas expectativas y de su insaciable imaginación. Contentábase con relaciones efímeras, incompletas, banales y apresuradas por miedo al doloroso silencio de la soledad. Sin embargo, ella se sentía especial. Tan personalmente diferente; exclusiva, peculiar y única que sufría en su interior el irrefrenable deseo de que toda la magia que habitaba en su interior, saliera en busca del príncipe encantador y apuesto que la merecía.

fairytale

Era tan voraz su apetito que no había príncipe que la contentase, ni labios que la besaran a la altura de su exquisito y refinado paladar. Quería saborear escalofríos confitados en miel. Ansiaba desayunar susurros de cielo rebozados en harina del país de nunca jamás, tempura de carcajadas al limón y simpatía con guarnición de fantasía. Imaginaba un príncipe que tuviera el poder de cocinar un amor salteado en sinceridad, éxito de la pasión con intimidad caramelizada y una reducción de rayos de sol cubiertos por dulce chocolate de encantos. Suspiraba por unas tostas de felicidad cubiertas de humor espolvoreado, taquitos de celos garrapiñados y bolitas de cariño maceradas en paciencia; y de postre helado de sabor a confianza con barquillo de estabilidad, gracias.

princesa prometida código nuevo

Andaba a la caza de un príncipe color azul

Un azul quiéreme mucho, azul comamos perdices, azul vivamos felices. Un tres en uno dificilísimo de encontrar, pero no imposible. Buscando entre las etiquetas de autenticidad a un príncipe que no destiña con los lavados, que no encoja ante las adversidades de la vida y que no se rompa por la rutina de la relación; encontraba aspirantes a medio hacer que ni de noche ni de día, ni misterio, ni acción, ni planos contrapicados que amparen la emoción del momento.

bella durmiente

Y es que no basta con que el príncipe sea azul

Azul es azul. Y a las princesas nos gusta la variedad en las gamas cromáticas. El azul se inventó para que los príncipes se diferencien entre ellos a través de azul encantador, azul viajero que se atreve con todo, azul artista de la pista, azul eres el jodido reto de mi vida.

 Y así en sus infinitas posibilidades las princesas podríamos aspirar a vivir el cuento que habíamos soñado sin tener que conformarnos con la mediocridad de las historias des-encantadoras protagonizadas por príncipes de azules corrientes, comunes, habituales, ordinarios, vulgares y archiconocidos a los que estamos ultra acostumbradas y que cualquiera puede pintar de nuevo si, tras un tiempo de desgaste, sufren un poco de decoloración; porque se venden en cualquier tienda de barrio.

princesa sí quiero 

Esto es un llamamiento para príncipes azules sin azul definido

¿Estáis dispuestos a bañaros en Pantone azul palomitas de maíz y cine un viernes noche? ¿En Pantone azul picnic en el parque y siesta con mantita abrazados? ¿En azul cógeme de la mano que vienen curvas? Porque las princesas han venido a vivir una vida que tenga lugar en un cuento, que tenga algo de polvos mágicos. Añoramos a ese príncipe azul del azul que abre la puerta del coche, ese príncipe azul que dice ‘buenos días princesa, ya tienes el mundo a tus pies’. Y sabemos que está ahí, escondido en ese blindado corazoncito que os empeñáis (príncipes de muy muy lejano) en ocultar tras esa coraza de azul no necesito amor, azul solo estoy mejor y azul no quiero complicarme la vida.

Atención, Peligro. ¿Está Volviendo La Moda Choni?

Hay dos grandes dudas que pueden crear un quebradero de cabeza al español medio: Por qué algunos pistachos te vienen cerrados y por qué vuelven cosas de los 2000 de las que aprendimos a librarnos. O la moda choni vuelve a ser trendy (dos conceptos que no sabíamos que podían ir juntos en la misma frase) o en realidad nunca se fue.

¿En qué momento dejamos de poner el grito en el cielo viendo nuestras pintas en fotos de nuestra adolescencia para pasar a volver a convertirnos en esas personas?

No solo se están recuperando las reliquias de ayer, sino que ahora está de moda pagar un dineral por ellas cuando hace unos años las metimos en bolsas de basura pensando: “¿Pero cómo podía llevar yo esto? FUERA DE MI VISTA”.

Empezamos por los clásicos de color negro pero empezó a comprobarse que en el patio del colegio era una competición cuántos tenías y de cuántos colores. Luego aparecía tu amiga con la versión en pulsera y la imitabas. Y cuando llegaba tu compañera de clase con el formato anillo, ahí ya llegaba el toque de atención y descubrimos que con el collar bastaba. Ese que te comprabas por dos duros en el quiosco del barrio y que ahora venden en tiendas carísimas como si fuera lo más.


Los pantalones campana

Quisimos volver a la moda hippie durante un tiempo y empezó de manera discreta. Luego llegó el extremo y empezó a verse a gente embutida en un pantalón con pata de elefante y más que parecerse a un setentero en un concierto de Woodstock era como ver a un reloj de arena andante.

Ahora están volviendo, de momento, de manera ocasional pero está comprobado que las modas se nos van de las manos.


Los chicos con más escote que su novia

Cuando se es un cantautor de pueblo con mar, que ha llegado a la capital a probar suerte en el mundo de la música y plasma en su estilo su pasado hortera y surfero, entendemos que la morriña le tira, aunque no estemos de acuerdo. Pero en general, nos da igual que se lo hayan visto a algún famoso y que tengan unos pectorales como para poder cortar tomates encima. Un tío no debería llevar más escote que una tía. NO, NO, NO.

El chándal

Odiábamos los días que teníamos Eduación Física en clase por tener que llevar chándal y ahora nos encanta el modelito. Los entrenadores de fútbol empezaron a usar traje en lugar de esa ropa deportiva y ahora somos el resto los que lo usamos para ir a todas partes con la excusa del casual look. Nuestras madres, que ya iban con el chándal a la compra, ahora alucinan, claro. Y encima, ahora se lleva con tacones. ¿Estamos locos?

Los aros

Empezó de manera sencilla, pequeños y de plata. Ahora se llevan en tamaño hula hoop y no sabes muy bien si es para la oreja o para la cadera.

Lo que afortunadamente no ha vuelto

Los zapatos de tacón blancos

Y que de verdad, no vuelvan por favor.

‘Santa Justa Klan’

Algo escrito con K cuando debería ir con C no debería volver NUNCA.


La falda por encima del pantalón.

Me Encontré Con Tu Recuerdo, Pero No Dolió

Hay cosas que uno cree que no va a superar nunca, espinas que uno está seguro de que dolerán siempre, que de un modo u otro siempre van a estar ahí. Para algunos es el primer amor, o mejor dicho, el primer desamor. Para otros es una locura veraniega que nació y murió en una playa mediterránea a mediados de agosto de aquel año. Son heridas que sangran. Heridas que tardan en cicatrizar, que uno siente que lo cambian de un modo en el que nada antes lo hizo, en el que probablemente nada lo hará.


Con algunas historias uno siente que dejó de ser él mismo para precisamente ser más él mismo que nunca. Y de eso, claro, cuesta salir. Porque muchas de esas montañas rusas, de esos momentos de felicidad terrenal máxima, se acaban. Y uno sufre. Sufre, si tiene suerte, porque cuesta aceptar que hay factores –la distancia, el futuro, la rutina…– más grandes que uno. Y si no la tiene, porque el engaño, la traición o el desdén son demasiado punzantes.

El caso es que no es difícil sentirse encerrado, viviendo en bucle de desánimo y apatía retroalimentado por el anhelo y el recuerdo. Porque podía haber sido de otra manera, porque no va a haber nada igual. Tus amigos te dicen que saldrás de eso, que el tiempo lo curará. Tú acabas asintiendo, pobres, pero en el fondo sabes que no. Sabes que él te cambió, que ella te llevó a un lugar del que nunca querrías haber regresado. Y sin embargo estás ahí, solo, sin aliento, sin presente, hundido.

Pero a veces, algo pasa. A veces, después de meses, quizá años, sintiéndose colgados de la misma rama, adictos a los mismos recuerdos, de repente algo cambia. Y no sabemos cuándo ni cómo ni por qué. No es un proceso consciente, pero a veces, después de un tiempo, el recuerdo comienza a ser más borroso y cuando un sábado de abril haces limpieza en el armario para sacar la ropa de verano, de repente aparece aquella foto en la playa, aquel libro dedicado, esa camiseta que le sentaba tan bien y que aún no recuerdas cómo pudo terminar en el fondo de tu armario.


Al principio temes que todo vuelva a empezar. ¿Por qué ahora, justo ahora, que parecía que estabas bien? ¿Por qué? Temes comenzar a deslizarte por esa pendiente en la que tantas veces has caído. Como cuando la etiquetaron en la foto de Facebook, como cuando te felicitó por tu cumpleaños pese a haberle pedido mil veces que jamás lo hiciera.

Tienes miedo de volver a estar ahí, solo, débil. Pero, de repente, no estás. No, no estás. De repente te ves a ti y a él, a ella, como parte de una historia intensa, bonita y… lejana. De repente el pasado es una película que no te duele más. Ya no. Te hace sonreír, sí. Piensas que mereció la pena, vaya si mereció la pena, pero ya no es tuyo, el dolor no forma parte de ti.

Y probablemente no lo haga porque tú ya no eres el de esa historia. Porque tú has cambiado, porque has vivido, y probablemente amado, de una manera que sí puede ser tan bonita como aquella. Sobre todo porque es más real que aquella. Es la realidad. Aquel recuerdo forma parte de ti pero no es tú. Tú eres el hoy. Tu vida es la de hoy. Y las fotos antiguas son eso, fotos antiguas. Ojalá le vaya bonito.

Para Aquellos Que Están Presentes, Pero Son Invisibles

Feliz día del Padre a todos aquellos que ostentan esa denominación. Porque ser padre te cambia la vida, o eso suele decirse siempre. Que sí, que mucho tópico de que ‘el día del padre es todos los días’, que ahora parece que está de moda decir eso con todos los días internacionales, para sentirse anti sistema. Pero ¿qué ocurre con todos aquellos que día tras día están ejerciendo su labor como tal y no obtienen reconocimiento alguno? Los llamados padres invisibles.

Padres invisibles, o aquellos que hacen lo mismo que las madres pero obtienen la mitad de mérito que ellas.  Es muy común oír alegatos defendiendo el vínculo maternal que se crea con el embarazo, y que ese lazo es inquebrantable y superior al que puede establecerse paternalmente. Lo cierto es, y sin quitar credibilidad a la ciencia, que el desarrollo humano y en concreto de las relaciones humanas y en este caso, familiares, suelen ir en numerosas ocasiones contra los pronósticos de la ciencia o de la convencionalidad popular.


Vemos como las relaciones más íntimas entre padres e hijos, pero especialmente, con las hijas, tienen como denominador común la ausencia de la madre. Así lo vemos reflejado en el cine, desde obras literarias como ‘Matar a un ruiseñor’, pasando por el fenómeno social de ‘Crepúsculo’, ‘En busca de la felicidad’, hasta múltiples películas para la televisión. Todas generan el vínculo paterno-filial a consecuencia de la falta de la progenitora, bien por fallecimiento, abandono o situaciones análogas. ¿Es realmente necesaria que estos hechos ocurran para que fluya un vínculo afectivo igual, o en muchos casos superior, al que se establece casi por defecto con las madres?


Lo cierto es que no. Aunque sea algo que genera confusión, existe esa relación padre – hija/o que es mucho más sólida y con un nivel de confianza mayor que al establecido con la madre. Los motivos que lo desencadenan pueden variar desde gustos comunes, afinidades de personalidad o simplemente que se genere de manera natural ese lazo afectivo. Pero sin duda lo que todos estos padres invisibles tienen en común es su presencia diaria, desde el primer día de nuestras vidas, haciendo malabares para que no nos faltase nada. Los que aprendieron a subir los leotardos a sus hijas, a hacer coletas o trenzas. Los que enseñaban las fracciones de matemáticas, se comían partidos de fútbol que daban para películas lacrimógenas, o fueron los valientes que quitaban las ruedecitas a las bicis, y esperaban no tener que comprar rodilleras para el chandal del colegio. Los que llamaban a tu habitación sólo para ver si querías comer algo, aunque sabían que sollozabas por un desamor.


Por eso, gracias a todos los padres que estáis ahí o habéis estado, al pie del cañón. Que no necesitáis que os repitan a diario que ‘padre no hay más que uno’. Aquellos que queréis a vuestros hijos con la misma devoción que sus madres, que os preocupáis y sobre todo, que no os importa no ser la debilidad de estos. Los que os emocionáis cuando vuestros hijos alcanzan logros, aunque no recibáis el primer abrazo. Los que sois el mejor amigo y el amor para toda la vida de vuestros hijos e hijas. ¡Moláis mucho! 

Así que solo queda decir: gracias a ti, papá, porque hoy voy a permitirme el honor de decirte que para mí no solo eres visible, eres imprescindible, y aunque no lo creas, mi ojito derecho siempre serás tú.

domingo, 13 de marzo de 2016

Música De Mierda O De Dónde Viene Tu Mal Gusto Musical



Lo del ‘postureo’ en cuanto a música se refiere es brutal. Todos sabemos de alguien a quien le encanta alardear de conocer a esta o a aquella banda oculta y que se ríe del resto por no haberla escuchado nunca. Gente que acostumbra a soltar sentencias como: “¡Pero cómo no conoces a The Ponkins Shoners, si son lo último en la música underground de Georgia!”. Y todo mientras te miran con condescendencia por encima de sus gafas de pasta. Porque puede que uno disfrute a rabiar con las canciones de Céline Dion, pero que lo haga en la clandestinidad por temor a ser tachado de hortera. Pero, ¿es mejor una música que otra? ¿Depende de gustos o hay una regla que determine cuál es más buena de las dos? ¿No será el arte una construcción social?




Estos son los interrogantes que se planteó Carl Wilson, uno de los críticos musicales más famosos de Canadá, cuando escribió el libro que ahora llega a España bajo el título Música de mierda, un ensayo romántico sobre el buen gusto, el clasismo y los prejuicios del pop (Blackie Books). Porque, claro, todas esas preguntas llevan a otra, que se convierte en el eje de este estudio: “¿por qué la persona que más discos vende es de la que más se ríe la gente?”. Wilson tomó como objeto de análisis precisamente a Céline Dion, artista de fama internacional que representaba justamente lo opuesto a su idea del gusto. Y enseguida empezó a pensar que, lo mismo, el problema era de él…


Porque igual lo nuevo y rompedor no tiene por qué ser lo valioso. Igual lo verdaderamente bueno es lo convencional, lo emotivo, lo… sensiblero. O no. El caso es que Wilson empezó a bucear en la música de Dion, en su discografía, en su biografía, en la pasión de sus fans, interesándose por cómo un producto “manufacturado” y facilón ha llegado a convertirse en un fenómeno mundial. Y se dio cuenta de que muchas de sus opiniones eran únicamente prejuicios. Por eso Música de mierda ha terminado convirtiéndose en una manual para la destrucción de tabús culturales.

Wilson descubre que el gusto, efectivamente, tiene mucho que ver con los prejuicios sociales. Que, en muchas ocasiones, nos resulta impensable confesar que disfrutamos con las baladas de Bustamante o con los ritmos pegadizos de Justin Bieber porque no queremos que los demás sepan cómo somos realmente. Y que incluso nos forzamos para que nos guste lo que se supone que debe gustarnos para molar, para parecer inteligentes, inquietos, cultos. Aquello que nos aleja de dar una imagen de sensibleros o simplones. Entonces, ¿existen el buen y el mal gusto? Para saberlo, tendréis que leer Música de mierda, pero sí se puede adelantar que, más que existir o no existir, supone un arma para autoafirmarnos y crear a nuestro alrededor una determinada imagen.

El resultado termina siendo una gran obra sobre la mente humana. El escritor británico Nick Hornby habla de ella como “un ensayo profundo, provocador, que te obliga a preguntarte quién diablos eres realmente“, y el crítico estadounidense Alex Ross aseguró que con Música de mierda se acercó más al gran misterio de la música. En definitiva, Wilson firma un canto a la libertad para que cada uno construya sus gustos musicales como mejor le parezca y no se avergüence de saberse ‘de pé a pá’ el Buenas noches, señora de Bertín Osborne.

La Fortaleza Mental Es Lo Que Conduce Al Éxito

¿Talante o Talento? La eterna pregunta que busca la respuesta definitiva a cuál de las dos tiene más valor. De nuevo la eterna respuesta seguirá siendo que ambas son importantes pues por suerte, la una sin la otra no tienen ningún sentido. Sin embargo, el reparto de los pesos no es siempre equitativo, no se trata de un fifty-fifty. ¿Cuántas personas que han nacido con un don para hacer algo nunca han llegado a desarrollarlo? Bailarinas, cantantes, artistas, atletas, jugadores de fútbol…

Estudios encuentran que la inteligencia solo representa el 30% de su logro, el resto, es todo fuerza mental, talante, disposición, tenacidad y PERSEVERANCIA. ¿No es esto una gran noticia? Quiero decir, ¿no sería una faena que sólo pudieramos conseguir aquello que nos proponemos si hemos nacido con el talento necesario para ello? La fuerza mental es algo que se trabaja como quien va al gimnasio para mantenerse en forma, alcanzar según qué retos e incluso para desarrollar capacidades físicas con las que en principio no has nacido. ¿Imaginas un gimnasio para ejercitar y entrenar la fuerza mental? Seguramente en muchas cosas de esta vida nos iría bastante mejor.

La conclusión es que el talento esta sobrevalorado y, por el contrario, el talante está muy infravalorado. El talento es un regalo con el que naces y que muchas veces no sabes si quiera valorarlo. En cambio, el talante y la perseverancia, requieren de esfuerzo, de entrenamiento, de fortaleza y actitud, mucha actitud pero suele ocurrir que pasa más desapercibido.

Al final la clave para que el talento desarrolle todo su potencial es un buen talante lleno de fuerza mental.

¿Qué hace que alguien sea mentalmente fuerte?

Cuando nos ocurre algo importante, una situación límite o una experiencia extrema, cualquier persona es capaz de sacar fuerza de su interior para lidiar con ello. Afrontamos enfermedades y muertes de familiares cercanos y ojo que todos nosotros podríamos sorprendernos de lo realmente fuertes que somos ante este tipo de situaciones.

Sin embargo, hablamos de la fuerza que necesitas en tu día a día para cumplir tus objetivos diarios con el fin llegar a eso que tanto deseas. Pequeños retos y desafíos que podrían ser fácilmente omitidos desde el sofá.

La gente mentalmente fuerte es aquella que cumple con sus objetivos gracias a la tenacidad, la perseverancia y en muchas ocasiones si tienes suerte, a la pasión. Esta es el motor que hace que las cosas pasen, que te levantes del sofá para poner en marcha la perseverancia para conseguir aquello que te has propuesto con tenacidad.

¿Cómo puedes aumentar tu fortaleza mental?

Acciones concretas

Define para qué necesitas esa fortaleza mental escribiendo las acciones concretas que son imprescindibles para conseguir eso que te propones. Cosas que al final no son tan complicadas de hacer y son fácilmente alcanzables.

Hábitos y rutinas

Crea hábitos y rutinas con esas acciones que te permitan durante más de 30 días acostumbrarte a esas nuevas dinámicas y ten siempre en mente el reto, el desafío y el objetivo y cómo te hace sentir la idea de alcanzarlo.

Actitud

La actitud es el mayor freno o acelerador para conseguir algo y es completamente controlable por nosotros mismos. Cuando la fábrica de Thomas Edison se quemó en 1914, destruyendo prototipos y causó $23 millones de dólares en daños. La respuesta de Edison fue simple: “Gracias a Dios, se han quemado todos nuestros errores. Ahora podemos empezar de nuevo otra vez.”

Inteligencia Emocional

Es la piedra angular de la fortaleza mental pues es la que te da el control sobre cómo debe reaccionar tu mente para relacionarse con los demás y contigo mismo.