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domingo, 25 de enero de 2015

10 Claves Para Saber Si Tienes El Espíritu De Un Niño De Cinco Años Y Te Enorgulleces De Reconocerlo

¿Que tienes 30 años? No importa. Ah, que tienes 40. Da lo mismo. Sigues teniendo el espíritu de un niño de cinco años, ¡y que dure! Y que vivan todos los que son como tú. Bueno, vale, si no fuera por las personas responsables y formales, puede que el mundo se viniera abajo. Sin embargo, nosotros creemos que ambas cosas pueden ser compatibles sin problemas, así que no hay porque sentirse culpable. Al revés.

A continuación, te explicamos 10 claves que delatan a todo buen Peter Pan. ¿Te identificas con alguna de ellas? Si es así, enhorabuena.

1. Sigues siendo un adicto a las gominolas
Platanitos, moras, nubes, con o sin pica-pica… conoces todas las categorías y subcategorías de gominolas. Eres un consumidor compulsivo de “chuches” reconocido y a mucha honra.

2. Fan a muerte de Pixar
No te pierdes ni una de sus películas. Te emocionas, ríes y lloras sin complejos viéndolas una y otra vez siempre que tienes ocasión aunque te las sepas de memoria. Bravo por ti, porque el arte y el buen gusto no entiende de edades.
3. No sueltas el mando de la Wii
Cuando el sobrinito o el primo pequeño de turno te deja jugar a su consola (piensa en el videojuego más infantiloide que se te ocurra), no sueltas el mando ni con agua caliente.

4. Quieres dibujitos en los libros
Antes de comprar un libro echas una ojeada rápida para asegurarte de que el libro tiene ilustraciones. Ah, y también te fijas en el tamaño de letra. Mejor si es bien grande.

5. Matarías por la cereza
Cuando estás en un cumpleaños y sacan la tarta a la mesa, fijas en cuestión de segundos como objetivo principal la guinda del pastel. Ruegas por favor que te la den a ti, y si finalmente no es así, te pillas un buen berrinche.

6. No sin mi colchoneta
Eres un fan sin concesiones de las colchonetas (y más si tienen forma de animal, tipo tiburón o cocodrilo), los balones de Nivea, las raquetas y demás mamotretos de playa. Si te los olvidas sin darte cuenta, ya no disfrutas lo mismo del día.

7. Amas a Bob Esponja
En secreto y a escondidas ves series como Bob Esponja, Hora de aventuras, Doraemon y un largo etcétera de dibujos animados. Por supuesto, compras también el merchandising relacionado.
8. ¿Dónde están las tiras cómicas?
Cuando llega a tus manos un periódico, pasas directamente a la sección de los pasatiempos para leer las tiras cómicas. Pasas de la política, los deportes y la economía… ¡tú sí que sabes!

9. “¡Está nevando!”
Un día de invierno. Te levantas por la mañana, miras por la ventana y… ¡milagro! ¡Está nevando! Llegó la felicidad suprema. En dos décimas de segundo estás equipado con el abrigo, los guantes y la bufanda y estás en la calle intentando hacer muñecos de nieve (sin demasiado éxito).
10. Nada de calcetines
Cuando llega tu cumpleaños o el día de reyes, no quieres regalos prácticos. Lo que quieres son cosas que molen. Nada de calcetines, camisas y demás regalos aburridos; lo tuyo son los videojuegos, las tablets y otros aparatejos que hagan ruido y tengan colores.

¿Creciste En Los Años 90? Te Damos 8 Razones Para Sentirte Orgulloso

Si eres uno de esos mileniales que ya se acerca a los 30 tacos, ello quiere decir que te criaste y creciste en la década de los 90. Mucho se habla sobre los 60, los 70 y los 80, pero poco de los años 90, como si no tuvieran nada digno de ser recordado con nostalgia.

En este artículo vamos a demostrar que esto es falso. En los 90 hubo cosas que molaban mucho… bueno, también algunas que no molaban nada. En todo caso, ¡reivindiquemos los 90!

Las zapatillas con lucecitas
Ahora nos parecen una horterada total, pero aquellas zapatillas que emitían luces rojas al pisar eran todo un triunfazo. Tenerlas era igual a molar. Después cayeron en el olvido y nunca más se supo de ellas. Quién sabe, quizás los hipsters decidan volverlas a poner de moda.

Los cromos de Toi
El simpático marcianito verde, llamado Toi, estaba hasta en la sopa, ya fuera en forma de cromo con el Bollycao, de chapa o de parasol para los coches. Tirando siempre del mismo juego de palabras (“toi” podía interpretarse como “estoy”, lo que daba lugar a bromas como “toi durmiendo”, “toi atontao” y un largo etcétera de estados absurdos), Toi era todo un icono de los 90. ¿Qué habrá sido de él?
Jurassic Park
La primera de todas, dirigida por Steven Spielberg y con unos efectos especiales que quitaban el hipo. Los que la pudimos ver en el cine siendo niños no hemos podido olvidar la experiencia de ver aquel Tiranosaurio Rex gigantesco paseándose a sus anchas por la pantalla. Luego vinieron más entregas (la cuarta, Jurassic World, está a punto de estrenarse), pero en ninguna de ellas los dinosaurios nos han parecido tan reales como en la primera.
Arnold Schwarzenneger
El careto anguloso y los bíceps con el diámetro de una cabeza de vaca del bueno de Arnie ocupaban los carteles de todos los cines, con su apellido impronunciable en letras inmensas. A veces (pocas), con grandes películas que se han convertido en referentes, como Terminator 2; a veces, con bodrios infumables pero éxitos de taquilla, como Poli de guardería. Después se metió en política, se convirtió en gobernador de California, tuvo varios escándalos sexuales, y Arnie ya nunca volvió a ser el mismo… y su entonces hipermusculado físico tampoco.
Las zapatillas Victoria
Las zapatillas Victoria, a diferencia de las zapatillas con luces, eran las que ningún niño quería. Eran poco llamativas y simplonas, y su diseño no tenía nada que hacer frente a los de marcas como Adidas o Nike. Ahora, sin embargo, están más de moda que nunca entre los hipsters. Bravo por ello, porque finalmente se ha hecho justicia a unas zapatillas que eran bien monas.

Super Nintendo vs Megadrive
A principios de los 90, cuando los videojuegos estaban hechos a base de sprites en lugar de polígonos, y cuando en lugar de conducir por enormes ciudades atropellando a los peatones lo máximo que podíamos hacer era ir de izquierda a derecha, la Super Nintendo y la Megadrive eran las reinas indiscutibles. Sonic, Mario y Donkey Kong cortaban el bacalao en aquella época dorada.

La “Play”
Pero algunos años después, allá por el 95, llegaron las míticas Sega Saturn y, sobre todo, la PlayStation. Aquellas videoconsolas marcaron un antes y un después en la forma de hacer y entender los videojuegos y, aunque vistos ahora, algunos de sus juegos nos produzcan dolor de ojos, muchos títulos consiguieron guardarse para siempre un lugar en nuestro corazón.

Los Simpson
A principios de los 90, en la cadena pública española, empezó a emitirse esta serie que ya desde el principio nos enamoró a todos. A los adultos por su humor ácido sin precedentes; a los más pequeños (que entonces no entendíamos nada), por sus originales personajes de color amarillo. Fue entonces cuando llegaron las horneadas con los mejores capítulos de la serie, algunos realmente míticos y que nada tienen que ver con las temporadas más modernas, bastante irregulares y a veces mediocres.


Los Gilipollas En Las Fiestas. El Arte De Dar Por Culo Al Personal

Parece que en los bares, discotecas y festejos populares nocturnos en general haya más gilipollas por metro cuadrado que en ningún otro entorno, pero esto es solo una ilusión. Algunos gilipollas son capaces de disimular su condición en interacciones breves que suceden durante la vida diurna, por lo que no nos resultan molestos al cruzárnoslos en una tienda o en una sencilla conversación de ascensor. Sin embargo, son incapaces de contenerse cuando se les libera en una fiesta: solo hacen falta un mínimo de tres copas y una luz tenue para que su verdadera personalidad salga a relucir poniendo a prueba la paciencia de los presentes.

Hay muchas cosas molestas que todos solemos hacer cuando vamos un poco pasados de rosca. Lo increíble del gilipollas en las fiestas es que no peca de una o dos de ellas, él es capaz de realizar cada una de estas mierditas en una sola aparición y bordarlas todas. El tema de la escasez de equilibrio, las danzas exóticas y el riego automático con su cubata a todo el que tenga alrededor todavía resulta excusable (son gajes del oficio fiestero), aunque hay que decir que en el caso de estos individuos son capaces de hacer un arte de ello.

Lo que hace al gilipollas un ser realmente fascinante es su seguridad a la hora de interpretar multitud de papeles a la vez: puede creerse al mismo tiempo político, psicólogo, filósofo y poeta. Le importa bastante poco o nada que a nadie le esté interesando lo que dice, el gilipollas es perseverante y tiene unas cuerdas vocales dignas de un pregonero, lo repetirá las veces que haga falta y al volumen que sea necesario. El gilipollas brilla especialmente cuando intenta ligar, se cree un seductor, y su táctica preferida es la del psicoanálisis de bombardero. Le encanta sentarse junto a alguien y jugar a ser Freud, soltando traumas y facetas ocultas, tratando de establecer una conexión súper profunda con la persona abordada. Puede dedicarse a ello horas si nadie lo detiene. No tiene ni puta idea de lo que dice, pero sabe que si sigue insistiendo en algún momento acertará con algo. Es una estrategia de desgaste. En alguna ocasión una frase acertada sobre ex parejas o problemas con los padres le han llevado al éxito fácil, por lo que nunca pierde la esperanza.

Su enorme ego y los excesos químicos limitan bastante su capacidad empática por lo que, generalmente, tiene dificultades para percibir que su compañía no está siendo grata. Y si se da cuenta de que sobra, se la suda por delante y por detrás. Está demasiado encantado de haberse conocido, disfruta mucho escuchándose hablar. No está claro cuando pasa de pensar “Joder, soy un puto galán, lo estoy petando” a “Mi vida es una inmensa mierda. Esta gente parece feliz, voy a reventarles la fiesta”. Pero lo que es seguro es que, si nadie se lo impide, será el último en desalojar el lugar.

Así que recordad, los gilipollas son como los embarazos, es mucho más sencillo evitarlos que quitárselos de encima después. Probablemente ese “infraser” haya sido invitado por algún amigo tuyo, por lo tanto la violencia física no es una opción, así que saca a pasear a tu repertorio de borderías selectas y despacha al chapas nada más acercarse. Mantener alejados a los gilipollas es un talento que se perfecciona con el tiempo, no desesperes, cada nueva fiesta es una nueva oportunidad para mejorar.

Verdades Y Mentiras Sobre La Compañera De Fiesta Más Hija De Puta: La Resaca

Por fin se han acabado las navidades, y si has conseguido llegar vivo al día de hoy solo podemos darte la enhorabuena. Has sobrevivido a comilonas extremas, cenas de empresa y a la noche de fin de año, todas ellas fiestas regadas en bebidas alcohólicas de todo tipo.

Y, claro, si hablamos de borracheras no podemos evitar referirnos a la resaca, esa compañera de viaje tan hija de puta de las mañanas post juerga. En torno a la resaca y cómo evitarla existen muchos mitos. Pero atención, porque muchos de ellos son falsos. Y es que, desgraciadamente, parece que el remedio infalible contra la resaca no existe.

Una cervecita por la mañana y adiós resaca
Es uno de los rumores más extendidos, y aunque para muchos sería la coartada perfecta para seguir dándole al bebercio y alargar la borrachera, científicamente ha sido absolutamente desmentido. Tomarse una copa de vino o una cerveza no te va a quitar la resaca, en todo caso te la empeorará. Sentimos ser nosotros quienes te contemos la cruda verdad…

¿Resaca dulce?
Otro mito dice que la resaca se produce debido a niveles de glucosa bajos en sangre, y que comer algún dulce a la mañana siguiente tras la borrachera puede aliviar los síntomas o incluso hacerla desaparecer. Nuevamente se trata de un mito falso, así que tampoco podrás utilizar la resaca como excusa para ponerte hasta el culo de chocolate. Eso sí, parece que tomar bebidas azucaradas entre copa y copa puede minimizar la resaca posterior, aunque no la evitará.

Hombre o mujer, lo mismo da
La resaca es igual en hombres que en mujeres, igual que los efectos del alcohol. Aunque se suele creer que las mujeres tienen “peor beber”, el alcohol afecta del mismo modo a mujeres y a hombres; esto quiere decir que las copas “subirán a la cabeza” igualmente sin importar el sexo. Cómo reacciona el organismo al alcohol dependerá de la tolerancia de cada uno y, claro está, de la cantidad ingerida. Con la resaca, ocurre exactamente lo mismo.

Camarero, una de pierna de cordero por aquí
Otra creencia dice que tomar una cena rica en grasas o pegarse un festín ayudará a tener una borrachera más suave y, por lo tanto, a no tener resaca. Incluso hay quien recomienda tomarse dos cucharaditas de aceite crudo para preparar el estómago. Lo cierto es que los alimentos grasos absorben mejor el alcohol, y pueden ayudarte a que tardes más en notar los efectos de la embriaguez, pero no te engañes, de la resaca no te salvará nadie.

Noches de desenfreno, mañanas de Ibuprofeno
El sueño de cualquier ser humano tras una larga noche de juerga: tomarse una pastillita milagrosa y acabar con ese martillo que te machaca las sienes desde que te despiertas. Pero tal remedio no existe. Sin embargo, parece que los antiinflamatorios no esteroides sí pueden ayudarte bastante a mitigar el dolor de cabeza típico de la resaca (aunque hay que andar con ojo dependiendo de cómo tengas el estómago, porque la cosa puede acabar en tragedia en el baño). Al final será cierto el dicho: “noches de desenfreno, mañanas de Ibuprofeno”.



lunes, 19 de enero de 2015

Por Qué La Vida Es Como Una Arena De Los Juegos Del Hambre

La vida es como una arena de los Juegos del Hambre. A cierta edad un papelito con tu nombre indica que ya eres parte del juego, y de golpe te  encontrarás frente al desafío y lo único que sabes es que tu objetivo es vivir para contarlo.

No será fácil. No solo tendrás que ingeniártelas para buscar dónde pasar la noche, conseguir agua y comida; la cornucopia parece estar fuera de tu alcance y, aunque en este mundo real es muy difícil ser atacado por animales salvajes genéticamente alterados, siempre tendremos que afrontar eternas horas de tráfico o hacernos hueco en el transporte público… Todo eso sin contar al resto de los participantes, que agotarán cada recurso que encuentren y se llevarán por delante todo lo que se cruce en sus caminos; en esta competición llamada vida te encontrarás con gente realmente feroz y unos cuantos “bichos raros”.

Y tú, ¿qué vas a hacer? Si corres lo más rápido que puedas y te escondes hasta que todo termine, solo te convertirás en una foto en el cielo acompañada del cañonazo que indica que el juego se acabó para ti. Así que, si no eres fuerte y no sabes hacia dónde vas, fíngelo. Si te tiemblan las piernas, arréglatelas para correr directo al baño de sangre y pelea por lo que es tuyo, porque a los problemas no se les esquiva, se les ataca de frente y se pasa a través de ellos.

Más importante aún, ¿quién serás? Quizá serás de los que forman alianzas que te permitan llegar lejos, lanzarás flechas por doquier hasta dar en el blanco, usarás tus talentos en un ingenioso plan que te lleve directo a la meta, o hasta podrías fingir ser el más débil e inofensivo para hacer tu movimiento estratégico en el momento perfecto; al final por ahí siempre dicen que en la guerra y en el amor todo se vale.

Quizá no sea tu primera vez en este juego y, por supuesto, tampoco será la última. Poco a poco aprenderás que las convicciones son más poderosas que las armas, que vas más rápido si vas solo pero llegas realmente lejos si vas acompañado, y que el verdadero enemigo siempre es el sistema.

Es hora de entrar a la arena, ármate con tu mejor grito de guerra, que el tour de la victoria te espera y, por supuesto, “que la suerte esté siempre de tu lado”.

Las Trampas De La Popularidad: No Intentes Caer Bien O Caerás

Si bien es cierto que somos seres sociales y que interactuar con otros es para muchos una necesidad, por lograr encajar con otras personas o con un grupo podríamos actuar quizás hasta llegar al punto de no ser nosotros mismos. ¿Cómo lograr agradar sin exagerar?

Existen tantos grupos sociales que cualquier persona podría sentirse identificada con más de uno, incluso si estás encerrado en tu propio mundo ya formas parte de uno: el de los solitarios. No intentamos interactuar con otros por la necesidad de decir “hola” o que nos pregunten “¿cómo estás?”; desde mi concepción, queremos interactuar con otros por el conocimiento, para aprender más y para expresar nuestro propio punto de vista.

No se trata de querer agradar a cualquier persona, sino de agradar a la persona correcta. ¿Quién es la correcta? Esa con la que tienes cosas en común. ¿Quieres agradar? Lo primero que debes hacer es no intentarlo. Ser tú mismo es la clave para construir una relación social sólida, fundada sobre la aceptación y el reconocimiento de tu propia originalidad. No intentes caer bien, te descubrirán; porque cuando tu propósito es que otros te vean con buenos ojos, tus intenciones se han de notar.

Cuando intentamos caer bien tendemos a decir lo que otros quieren escuchar, darles lo que quieren recibir; nos ocupamos más por complacer que por compartir. Cuando la confianza se haya asentado en la relación, volverás a ser tú y si exageraste en tu afán por agradar al principio, al final podrías ser tildado de hipócrita. Repito, no intentes caer bien porque te descubrirán.

Lo segundo que debes hacer es tener claro por qué quieres socializar con esa persona o ese grupo. Muchas veces puede que sea en busca de popularidad, por diversión o porque parecen buenas personas. Si lo que queremos es matar el rato, quizás cualquier grupo podría ser genial. Pero si lo que deseamos es construir una amistad, es indispensable que estemos seguros de que compartimos intereses muy similares, que tenemos creencias y opiniones similares; y por supuesto, que mutuamente deseamos amistad.

Por último y para terminar, presta atención a los hábitos y al comportamiento de ese grupo con el que estás interesado en relacionarte. Muchas veces es común encontrar que la lealtad no es una virtud, que unos suelen hablar a espaldas de otros y que el chismorreo y malos comentarios sobre otros van y vienen. Si alguien que finge amistad con otra persona viene a hablarte mal de ella, seguramente hará lo mismo con otra sobre ti. ¿Quieres caer bien? Entonces demuestra lo mejor de ti.

En la Vida A Veces Se Gana Y Otras No, Pero Siempre Se Aprende

¿Alguna vez te has dicho “no puedo hacerlo, soy terrible para esto”? Frases como esta son los peores enemigos de la auto-motivación, y se convierten en la tierra que caerá sobre nuestra tumba, como si nosotros mismos nos estuviésemos enterrando.

En la vida, a veces se gana y siempre se aprende, es así de simple. No hay razones para darnos palazos a nosotros mismos cuando ese artículo que estamos escribiendo, ese informe anual, o ese negocio parecen arrastrarse por el suelo sin poder coger vuelo. Dicen que “el mundo le pertenece a los ganadores”, y esto tiene dos maneras de ser visto: o nos limitamos a creer que tenemos que llegar siempre los primeros o disfrutamos la experiencia prestando atención a cada detalle.

Es muy común escuchar que “quien llega de segundo no será recordado”, pero esta es la posición del que no sabe cazar oportunidades. En cada momento que nos sintamos perdedores, recordemos que repetírnoslo solo extenderá nuestro desánimo y desvanecerá nuestra confianza. Vamos a aplaudir al ganador en señal de reconocimiento por su trabajo, empeño y talento, mientras que para nosotros queda el orgullo de haber dado lo mejor y saber que “sí, puedo hacerlo”.

¿Lo importante no es ganar, sino participar? Cuidado con esto porque puede ser malinterpretado, convirtiéndose en el consuelo para actuar como un mediocre. Ese ganador que hay en ti debe buscar el triunfo en el aprendizaje continuo, en la lucha incansable y en el reconocimiento de que en ocasiones las cosas tomarán un rumbo que al principio costará comprender, pero que con nuestra inteligencia y perseverancia será transformado en una experiencia más que contar, un acierto más que disfrutar y una razón por la cual vivir.

A veces se gana y siempre se aprende, porque en el fracaso hay una gran lección, la lección que nos enseña que “este no es el camino para llegar”. A veces se gana y siempre se aprende, porque cuando las cosas nos salen mal pondremos a prueba nuestra fuerza, energía y disposición para lograr aquello que deseamos. A veces se gana y siempre se aprende, porque cuando fallamos podemos descubrir qué tanto interés tenemos en eso que estamos intentando. A veces se gana y siempre se aprende, porque la vida es así, son lecciones, aprendizajes y cuentos que recordar y compartir.

No hay peor perdedor que aquel que cree ser uno, ese que convierte sus oportunidades de aprender en razones para lamentarse, que cree estar viviendo una tragedia por la ceguera que causa el fallar. Y no hay mejor ganador que aquel que en sus fallos encuentra la inspiración, esas ganas para intentarlo de nuevo sabiendo que simplemente se trata de otra oportunidad para ser mejor. ¿Serás el perdedor que llora o el ganador que aprende cuando falla?