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viernes, 11 de marzo de 2016

Si En 6 Meses No Te Dicen "Te Quiero" Sigue Con Tu Vida

Si algo puede caracterizar al ser humano, es su irracionalidad. Sí, has leído bien, somos seres irracionales en lo que respecta al amor. Ahí no hay lógica aplastante que usemos, y hasta la mente más brillante se ve envuelta en las triquiñuelas que este usa para confundirnos y atraparnos. Esto hace que nos volvamos cobardes, conformistas e incluso ingenuos, porque seguimos utilizando la misma excusa y patraña de siempre de “a nadie le gusta estar sólo” para no afrontar la cruda realidad. Si alguien no está para ti en esta vida, no lo estará por mucho que esperes, o eso dicen siempre las madres..

Nos pasamos la gran parte de la vida buscando el amor, en lugar de encontrarlo, que la diferencia es importante. Cuando lo buscamos, el listón ya está por debajo de lo que realmente merecemos, nos puede más la necesidad de encajar y hallar a una persona, a que sea la indicada. Sin embargo, cuando es el amor el que nos encuentra a nosotros, no hay baremo ni precondiciones que valgan, se planta delante de ti y te dices a ti mismo, si es ella, es mi persona.

Uno de los grandes problemas que existen en las relaciones, es no aceptar que no es lo suficientemente bueno para ti, quedarse estancado en la mediocridad. Y cuando llegas a ese punto debes decidir qué hacer, si continuar o dar puerta a lo que tienes. Cobardía. Aquí hace su aparición estelar. La inmensa mayoría de veces optamos por quedarnos como estamos, porque sí, porque no tiene nada malo, es estable y te da ese estatus amoroso que crees necesitar. Simplemente “está bien”. Cuando lo que deberíamos hacer, es huir de una relación que ya no va a dar más de sí, no te hace mejor, ni tan siquiera te hace crecer como persona. No te hace experimentar, explorar rincones del mundo, de la vida o de ti mismo. Cosas que quizás, sin ella, sí hicieses.

Pero claro, ¿cuándo sabemos que debemos dejar atrás una relación? ¿Cuánto tiempo debe pasar? ¿Cuáles deberían ser los motivos que te lleven a ello? Las preguntas que todos nos hacemos y que a duras penas sabemos contestar. Hay una costumbre no escrita, que dice que si no eres capaz de recibir o de dar un “te quiero” en seis meses, tu relación no lleva a ninguna parte, está acabada y la única solución que tienes, es la de decir adiós y siguiente. Y aunque es cierto aquello de dar un tiempo prudencial a las cosas hasta que fragüen, en el amor es bien distinto. Porque hablo de amor verdadero, del que no necesitas otra cosa en el mundo más que a esa persona. Que hace que tu estómago se siga encogiendo al verle. Que no tienes que plantearte si lo vuestro va hacia delante o no. Que los te quiero salen sin premeditación alguna. Que en los primeros meses, ya eres capaz de discernir si esa persona no es solo algo bueno para ti, sino lo mejor, rozando la excelencia amorosa.

Aunque el refranero popular diga, “mejor malo conocido, que bueno por conocer”, en toda regla debe haber excepciones, y el amor es una de ellas. Así que, mejor estar solos, libres y dispuestos a tropezar con alguien maravilloso, que pasar una vida entera con una persona que únicamente, está bien.

La Amistad Es Eso Que Pasa Entre Un WhatsApp Y Un Me Gusta

Usamos tanto el WhatsApp o el Facebook que nos hemos creído que la amistad va de esto; de escuchar ‘tin’ cada quince segundos; de una nueva notificación entrando en la pantalla. Cuantos más ‘tin’, más amigos, más sociables, más acompañados, más guays. Pobre de aquel que espera en un semáforo y no tiene un ‘tin’ al que atender, un mísero globo rojo del que librarse.

Pobre del que saca un libro en la sala de espera del médico. Pobre del que osa leer el periódico en la barra de la cafetería de la universidad. Serán raros, los tíos. Y asociales, claro. Míralos tú ahí, pobres, sin nadie a quien escribir. Sin nadie que se acuerde de ellos, sin que a nadie les guste su última foto. Sin nadie. Solos. Algo habrán hecho, seguro. Si no, ¿de qué?

La conversación en persona se ha convertido en la excepción a la norma. Ahora la rutina pasa en la vida online. Incluso se podría decir que la vida online es más real ahora que la vida real. La excepción es el café con un amigo, la puesta al día en persona, las cañas con aceitunas, la peli compartida. Ocurre, sí, claro que ocurre a veces. Pero es lo anómalo, casi la excusa para poder seguir con la vida online.

Si no, piénsalo. ¿Cuánta parte de la última cena de cumpleaños que tuviste entre amigos la dedicasteis a comentar cosas que habías visto en el Facebook o cosas que os habían contado por el WhatsApp? ¿Cuánto tiempo dedicasteis a haceros selfies que colgasteis inmediatamente en Instagram? #party #AquíConLosMejores #friendsForever…

¿A cuántos mensajes de otros grupos respondiste? Y lo que es peor, ¿cuántas conversaciones y comentarios sobre el cumpleaños de la noche anterior fueron mucho más largos en el Facebook y el WhatsApp que lo que fueron durante la propia celebración?

Vivimos en la permanente falacia de que la comunicación continua aporta profundidad a la relación. Tenemos que hablar. Siempre. Ya. De todo. Y los demás tienen que saber que hablamos, claro. Los demás han de saber que somos queridos, que alguien se acuerda de mencionarnos. Jamás que te cuelguen una etiqueta ha gustado tanto. ¿Qué tipo de mejores amigas son esas que no se felicitan los cumpleaños con un vídeo en Facebook? ¿Qué tipo de colega no te etiqueta en la última ocurrencia de Facebook? ¿Quién, a ver?

Pero quizá, solo quizá, la amistad no sea eso. O no sea solo eso. Quizá pasar la tarde en un banco tomando pistachos también mole. Quizá convertir la compañía física en la norma y no en la excepción nos haga sentir más cercanos. Quizá un café el domingo por la tarde nos ayude a cargar las pilas para la semana mucho más que cuatro mensajes privados en Facebook, tres corazones en WhatsApp, y dos menciones en Instagram. O quizá el ‘tin’ es el nuevo “¿bajas?”. Quién sabe…

viernes, 4 de marzo de 2016

La Ciencia Dice Que Las Personas Bordes Llegan Más Lejos

Podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que a nadie le gustan las personas bordes. Un rato pueden estar bien, tener hasta su gracia, pero al final lo único que quieres es mandarles a la mierda con todo tu corazón. Pues resulta que este tipo de personas, gracias a su mal humor, cuentan con ciertas ventajas sobre el resto en la carrera hacia el éxito: toman mejores decisiones, son más incrédulas, se comunican mejor y, ojo, son más inteligentes que las personas que van de buen rollo por la vida.

Y esto no lo digo yo para justificar que soy un poco borde, tiene su base científica. El profesor de psicología Joseph Forgas, especializado en las emociones humanas, lo demostró con un experimento llevado a cabo en la Universidad de Nueva Gales del Sur y publicado por la revista Australasian Science.

El experimento consistía en lo siguiente: provocaba en los participantes buen o mal humor a través del visionado de películas y de hacerles recordar cosas alegres o tristes, para luego ponerles ejercicios como decir si un mito urbano era verdad o mentira o dar detalles de un hecho concreto. El resultado fue demoledor a favor de las personas a las que se les había provocado mal humor.

La pregunta es: ¿Por qué? Normalmente tendemos a pensar que alguien con sentimientos negativos será menos racional, pero lo cierto es que es todo lo contrario. Según Forgas, las personas malhumoradas analizan mucho más las situaciones, logrando una mayor comprensión de todo lo que les rodea. Mientras tanto, los happy flower que lo ven todo de manera positiva son mucho más confiados, por lo que tienen una visión superficial de la realidad.

Esto deriva en que aquellos con sentimientos negativos tienen más información y esta es más acertada, lo que les permite ser mucho más eficientes a la hora de tomar una decisión. Resumiendo podríamos decir que una persona que está jodida, como no quiere que le jodan más, está mucho más atenta.

Y atención, porque las ventajas no acaban aquí. El estudio del profesor Forgas también concluye que estar decaído aumenta la capacidad de comunicarse y, sobre todo, de argumentar cosas por escrito ya que una mente malhumorada utiliza más el sentido común. Además, el mal humor también afecta la memoria de manera positiva, aunque esto es fácil de comprobar: pon a alguien de mala leche y verás como de golpe se acuerda de todo lo que has hecho mal en los últimos diez años.

Quien Bien Te Quiere Te Hará Brillar

Quien bien te quiere no te hará llorar. No, no, y no. Podrá decirte cosas que no te gustan y, si a ti no te gusta que te digan cosas que no quieres oír, quizá alguna vez llores. Pero la norma del amor no es el llanto ni el dedo en la llaga. La norma del amor, en el término más amplio que permite esta palabra, es la confianza, la alegría, el inmenso regalo de sentirte acompañado.

Déjate de historias turbulentas o de amistades obsesivas. No molan. No son divertidas. No aportan nada. Y cuando terminan ―porque, créeme, siempre terminan―, no lo harán bien. Dejarán un regusto amargo; esa sensación helada de “¿y todo esto para qué?”.

Sin embargo, la luz de quien te quiere de verdad te hará brillar a ti. Te acompañará más allá del tiempo y la distancia. Tus alegrías serán sus alegrías y tus penas lo serán menos gracias a su consuelo. Quien bien te quiere te empujará hacia delante. Te dirá que puedes, claro que puedes; que eres fuerte, vaya si eres fuerte; que mereces lo bueno que te pueda pasar, porque anda que no lo mereces. Y porque te va a pasar.

Quien te quiere no buscará tus límites emocionales ni chantajeará tu cariño. Te conoce y te quiere. Te quiere de manera limpia. Y en las relaciones limpias no hay cabida para las pruebas de amor, sino para la vida compartida, para el aprendizaje conjunto. Quien bien te quiere te reforzará por dentro. Te mirará a los ojos y te dirá que vales muchísimo, que tu presencia es un regalo de la vida. Y será verdad.

Será verdad del modo que solo el cariño hondo y desinteresado puede ser verdad. Porque quien bien te quiere no necesitará hacerte llorar. Será sincero contigo, claro. Te dirá su opinión y su desacuerdo si existe. Pero no buscará  herirte. No buscará tu punto débil. Nunca explotará tu debilidad. Insisto, NUNCA explotará tu debilidad. Nunca.

Tus dudas encontrarán aliento en su conversación. Tus días bajos quizá sigan siendo bajos, pero no serán solitarios. Y tus errores no serán un “ya te lo dije”, sino un “ya está, ya pasó. Así que tranquilo, que de todo se aprende”. Porque además es verdad: de todo se aprende.

Hay pocos lugares más reconfortantes que el abrazo de quien quiere bien. Aprovéchalo. Y llámalo, llámala. Escríbele. Dile que tu día es mejor porque has pensado en él, porque está ella. La vida, siendo corta, es lo más largo que tenemos. No dudes en querer bien y dejarte querer mejor. Porque lo mereces. Y porque no lo dudes, tú también tienes luz y también hay alguien a quien tú haces brillar. 

Cambiemos La Aburrida Rutina Por Genialidades Especiales

Es fascinante la manera en que fluye todo cuando acabas de conocer a alguien. Tienes la sensación de que dice las palabras perfectas, y serías capaz de estar horas y horas simplemente contemplándole o escuchando cómo habla, cómo gesticula y las cosas que dice. No te hacen falta grandes planes, porque el plan es estar juntos, y te parece un “planazo”.

Pero con el tiempo, perdemos esa capacidad de asombrarnos por lo más simple, y la pasión se reduce. Se dice siempre que lo peor que le puede pasar a una pareja es caer en la rutina, pero también necesitamos hábitos y cierto orden. El problema no es la rutina, sino tener una rutina triste y aburrida. 

Decía el filósofo William James que “el pájaro no canta porque es feliz, sino que es feliz porque canta“. Es decir, que una pareja no tendrá muchos momentos maravillosos porque se quiera mucho, sino que se podrá querer mucho tiempo si tiene momentos maravillosos y los cultiva. Son los hábitos los que nos salvan de que el estrés y el desgaste nos separe o vuelva más fríos. Los días normales no existen si no les dejamos existir. 

Por eso, hay rituales que pueden impulsar a la relación a nuevos niveles, que harán que los inicios de nuestra historia amorosa se queden cortos al lado de la increíble complicidad creada con el paso de los meses y años.

Un lenguaje propio y hasta secreto

No es lo mismo limitarse a un “cariño” que ser capaces de crear unos apelativos más personalizados y únicos. También se pueden poner nombres a las actividades, lo cual hace que podamos enviar un whatsapp diciendo “hoy toca soffing + serie” o cosas del estilo. Además, parte del encanto de este lenguaje propio es que, además de vincularte al otro, hace que cuando hay amigos delante no puedan entender muy bien lo que se habla.


Destacar cosas positivas del otro todos los días

Está demostrado que de cada comentario negativo que nos dicen, necesitamos 5 positivos para compensarlo. Como es inevitable quejarse de alguna cosa que hace el otro, mejor que alimentemos también la costumbre de decirle algo positivo o agradecerle los detalles que hace cada día.



Tener proyectos comunes

Los grandes sueños solo pueden convertirse en objetivos viables si se riegan cada día, y una pareja que tiene metas comunes y sueños grandes, es más probable que se mantenga unida y motivada. A veces quererse no es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en una misma dirección. Por eso, hace falta dar forma a un viaje futuro, una casa, una fundación…


Celebrar y anclar experiencias

Siempre hay motivos para celebrar algo, como por ejemplo el aniversario del trabajo del otro, con una tarta de una vela para felicitarle por sus triunfos. También ayuda mucho asociar experiencias con alguna comida concreta, una canción, una ropa… Por ejemplo, se puede ver una película de Bollywood comiendo algún plato típico oriental, y si todos los lunes hacemos un plato más bueno de lo normal, es más probable que no tengamos el típico bajón al empezar la semana.



Normalmente la vida es todo lo genial que nosotros queramos que sea. Podemos acomodarnos en nuestra zona de confort y dejar que los hábitos nos empujen hacia un callejón sin salida de hastío, o podemos cultivar hábitos positivos, creando juntos nuevas aficiones, inquietudes e intereses que enriquezcan la relación todos los días y no dejen que nuestra vida se nos marchite con el tiempo.

Carta Abierta A Los Que Se Ponen Tristes Los Domingos

Querido compañero de depresiones domingueras, esta reflexión va por ti:
Cuando se asoma la tristeza, es parecido a cuando cogemos el punto con el alcohol: notamos que algo se nos viene a la cabeza, y es el momento de decir “hasta aquí”. Lo que pasa es que a veces nos apetece seguir bebiendo, o tenemos ganas de continuar embriagándonos de tristeza por dentro y en lugar de ponernos una canción alegre para motivarnos, elegimos la playlist más melancólica para dejarnos envolver por recuerdos.
Ya hay expertos que han puesto un nombre a nuestro problema, “la depresión del domingo”. Es difícil de definir esa especie de tristeza difusa que coincide con las últimas horas del fin de semana. Conforme cae la tarde, cae también nuestro ánimo, y nos vamos sintiendo cada vez más apagados.
¿Pero qué tiene el domingo que lo vuelve el escenario perfecto de un acto íntimo entre nosotros y la melancolía? Algunos creen que en realidad lo que más nos deprime es el lunes, pero como sabemos que las obligaciones nos exigen estar en forma al día siguiente, escogemos el tiempo anterior en que sí podemos permitirnos ese triste lujo para expandir nuestras emociones más trágicas. Es decir, que si el lunes pudiéramos darnos ese tiempo y espacio para mirar viejas fotos o contemplar la lluvia por la ventana, seguramente el domingo sería tan divertido como cualquier viernes.
Una opción es utilizar esos trucos para convertir los domingos por la tarde en otro viernes más de la semana. Por ejemplo, podemos programar actividades con amigos, ir al cine, ir a un bar de música en directo, preparar una cena especial con la pareja, dedicar tiempo a esa afición que lleva tiempo abandonada… Está bien acostumbrarnos a asignar para las peores horas los mejores planes.
Pero ese vacío interior seguirá latiendo en el fondo de nosotros, solo habremos acallado con distracciones, así que más vale que nos tomemos algún día con calma para escuchar qué nos dice. Detrás de ese agujero existencial hay una oportunidad de la vida para cambiar, para crecer y no conformarnos.
La solución perfecta nunca será poner parches al domingo, sino que los lunes y todos los días de la semana nos ilusionen, porque hayamos sido capaces de crear una vida acorde con nuestra felicidad. Mientras tanto, siempre nos quedará lo que decía hace ya muchos siglos el escritor Terencio: “cuando no se puede lograr lo que se quiere, mejor cambiar de actitud”.

lunes, 22 de febrero de 2016

Planes Para Cuando Solo Te Apetece Estar Contigo

Independientemente de que tengas o no pareja, de que tengas o no una vida social saludable, hay días en los que te apetece disfrutar de tu propia compañía. Estar solo no implica encerrarse en casa y no ver la luz del sol. Más allá de los maratones de series, que ya los harás solo y no te lo tenemos que contar nosotros, te proponemos varios planes para pasártelo bien sin tener que aguantar a nadie.

Libro + café en La infinito



Si vives en Madrid, acércate a La infinito, coge un libro de sus estanterías y pídete un batido. Busca un sillón libre y deja que pasen las horas sumergiéndote en las páginas y levantando la vista de vez en cuando para observar tu entorno. Cuando te canses, si te has enfrascado tanto en la lectura que no puedes vivir sin conocer el final, te lo puedes comprar, o si no te importa vivir con el misterio, lo vuelves a dejar y te das un paseo por el barrio de Lavapiés.

Aprende a bailar Swing



Te apetece bailar pero no con te arrimen la cebolleta en algún baile latino donde muchos más van a ligar que a mover el esqueleto. Todavía no lo sabes pero el swing es lo que estabas buscando. Es un baile que automáticamente te pone un sonrisa en la cara. Será la música, será que te transporta al Estados Unidos de los años 20. Conocerás gente, harás ejercicio, escucharás buena música y perderás la noción del tiempo. En Swing Maniacs tienes varias direcciones. Pruébalo y nos mandas un Snapchat con tus primeras piruetas.

Apúntate a yoga



Deja atrás las reticencias. Si tanta gente se ha enganchado es que algo tendrá. Muchos se creen que van a echar una siesta y sale de su primera clase de yoga con agujetas. Porque no solo vas a encontrarte contigo mismo, también a conectar con músculos de tu cuerpo que no sabías ni que existían. Harás estiramientos, posturas imposibles, aprenderás a respirar como los yoguis y saldrás de cada clase renovado, sereno y con fuerzas para comerte el mundo. Una opción es la Escuela Internacional de Yoga con sede en Madrid, Valencia, Mallorca, Santiago, Sevilla, Cádiz y Elche, pero infórmate bien antes de ir, porque hay muchos tipos de yoga y tienes que encontrar el que mejor vaya contigo.

Viaja en solitario 



Claro que no es para todo el mundo, pero los que lo han probado dicen que viajar solo es una experiencia única. Hay un momento muy duro en el que estás en la otra punta del mundo y te preguntas “qué estoy haciendo aquí”, pero pasada esa pequeña crisis, te das cuenta de que ves las cosas con otros ojos, vas a tu ritmo y además es la mejor manera de conocer gente. Cuando vas en grupo no te paras a hablar con nadie, pero si estás solo seguro que eres más receptivo y puedes volver a casa con grandes amigos en tu mochila.